martes, 20 de octubre de 2009

Luna de agosto*

Nubarrones negros salpican la noche. La luna, amedrentada, asoma tímidamente sobre la ciudad, entre las oscuras manchas del cielo. Vómitos corren hacia las alcantarillas. Sudor, lágrimas, meadas de sangre, llantos, gritos, forman un caudaloso rio de líquidos humanos que se dirigen presurosos hacía un submundo de heces y sangre.
El depredador sueña lágrimas negras, los muertos, le salen al paso y le preguntan, se encoge de hombros y sonríe. Camina por una calle oscura y solitaria -huyendo de si mismo-. Sus pensamientos escupen saliva y sangre, su dolor, se multiplica en las turbias esquinas de la ciudad, vaga solitario hacia el barrio de los sueños rotos.
La luna, se lo mira tímidamente, lo contempla con consternación y espanto, él, no se deja ver, huye de la opaca y triste luna.
Perros y gatos sangran por las calles, se tienden mortales emboscadas. Los vecinos, apuestan por unos ú otros, ríen satisfechos.
Los pájaros, siembran el asfalto con sus alas aplastadas contra el suelo, enloquecidos por los ríos de sangre y lágrimas que la luna trajo consigo.
La muerte espera, como un animal agazapado, en cualquier esquina, pero no es su noche; noche voraz -de luces y sombras-. Camino tenebroso donde no hay espacio para las risas, y los sueños, se aplastan -unos a otros- con temeraria puntualidad.
Las ratas -alborozadas-, saltan alrededor de los sumideros de las alcantarillas, en medio de los charcos sanguinolientos que la riada pestilente amontona junto a las rejillas de los desagües de la metrópoli. Suenan gritos aterradores por todas partes.
Sirenas aúllan en la noche, sus luces centelleantes acompañan la represiva canción. La policía es la dueña del monopolio de la violencia, administra el miedo entre los gritos desesperados de los detenidos; que conocen de sobras su destino, es el enorme basurero maloliente de los limites de la ciudad, donde una sima pútrida -coronada por un enorme agujero-, los conduce al infierno de nuestra basura, y, sus gases, serán el último y fétido perfume que esas almas desdichadas olerán antes de morir.
La oscuridad se adueña de la luna, de la risa, la parca se regocija y se marcha susurrando... déjalos vivir, sufren estando aquí.
Es el distrito de los corazones rotos.


Para Mª José, in memorian.

* Fragmento del libro "Ruido de fondo"