jueves, 13 de junio de 2013

Niebla 5 (fragmento)

Una hora después, la furgoneta los dejaba en un garaje del extrarradio barcelonés. Allí los esperaban dos tipos corpulentos vestidos de enfermeros, que los acompañaron hasta el ascensor que los dejó en la segunda planta.
Los repartieron en tres habitaciones contiguas. Tras despojarse de la ropa y los efectos personales firmaron un documento, pasaron por la ducha, les dieron ropa nueva y les hicieron los primeros análisis.
Sala de conferencias: suelo y paredes de un blanco impoluto, grandes ventanales de cristal esmerilado, sillas y pequeñas mesas azules; y presidiendo el aula, una mesa grande con tres tipos de bata blanca que los urgían para que tomasen asiento.
Tras la charla introductoria se repartieron unos folletos relativos al experimento, donde se explicaban detalladamente las pautas que se iban seguir durante todo el proceso, así como las normas fundamentales de convivencia y un plano de las instalaciones y sus correspondientes servicios. Uno a uno, el medio centenar de participantes de ambos sexos pasó por una ventanilla donde una enfermera rubita repartía bolsitas con dos gramos de marihuana.
Sala de lectura, de televisión, de juegos de mesa, un pequeño gimnasio, una enfermería donde se tomaban las muestras; y lo más importante: la inmensa sala que acabaron por llamar “el submarino”. El lugar donde, día a día, se enfrentaron a la niebla.
Un pequeño grupo no fumaba marihuana, sino que utilizaban un preparado farmacéutico compuesto por dos sustancias activas: el tetrahidrocannabinol y el cannabidiol, que se administraba en pulverizaciones bucales por medio de un espray, absorbiéndose a través de las mucosas orales.



-¿Crees que Víktor trabajaba solo?
-No lo sé, Andrés, no lo sé. Pero montar algo así implica tener un proyecto a largo plazo o algún tipo de trastorno mental que no alcanzo a ver. Quizá haya detrás un proyecto político totalitario liderado por fanáticos del Tercer Reich. O por falangistas en conserva, que haberlos haylos.
Me consta que están investigado con lupa la vida del cabrón de Víktor, pero de momento no hay pruebas que apunten hacia conexiones terroristas…



Con la llegada de los primeros fríos invernales, a principios de diciembre la ciudad recuperó una aparente normalidad. El fenómeno de la Niebla Azul se fue replegando paulatinamente; tanto, que los periódicos poco a poco fueron arrinconando la información sobre el asunto –que un mes antes había sido objeto de un seguimiento masivo por parte de los medios, ocupando portadas y páginas y páginas centrales con todo tipo de especialistas y teorías pintorescas- hasta quedar reducida a puntuales notas en las páginas interiores.
La policía había tomado de nuevo el control de las infraestructuras estratégicas y de los barrios más afectados por la niebla.
Pequeños focos de la plaga iban apareciendo intermitentemente, una noche en un barrio, otra noche en otro. La niebla se agazapaba, daba un zarpazo y volvía a desaparecer…