domingo, 5 de febrero de 2017

Corte cuatro, Good morning little schoolgirl 7 (unos días de febrero)

(Hago una pausa, me levanto del teclado y paseo inquieto por la sala… La imagen de aquel momento, retenida durante tanto tiempo se ha esfumado en un instante. Me acerco a mi pequeña librería y cojo de uno de sus estantes una fotografía enmarcada hace unos cuantos días. Es un selfie hecho por ella en su primera visita: Un retazo de su bello rostro mostrando una victoriosa sonrisa, y el mío entero detrás, en segundo plano; observando a la fascinante nena, sentada sobre mis rodillas toda desnudita como una Venus, con una sonrisa contenida y maliciosa y la mirada obnubilada y perpleja de que no acaba de creérselo. 
Está guapa la cabrona. Lo cierto es que la echo de menos, fue una inesperada y juvenil ráfaga de viento fresco. Un suave y breve golpe de mar acariciando los cuerpos…
).
Bocas recorriendo paisajes recónditos, manos buscando, dedos mojados, polla perdiéndose entre sus labios, adentro, afuera, lengua lamiendo aleteando, coño de par en par contra mi boca, clítoris jugando entre los labios, flujo femenino inundando un rostro… Unos segundos de pausa y se sienta sobre mí: bella melena subiendo y bajando, tetas subiendo y bajando, media vuelta, ahora cabalga de espaldas, sube, baja, hace un giro, un golpe de cadera, sube, baja, hace un giro… Le doy una palmada en el culo para que trote un poco más rápido, comienza a gemir suavemente, entonces le digo con voz melosa: — Date la vuelta tesoro, quiero verte la cara y echo a faltar tus tetas. Da un sonoro y sensual gemido y me obedece, apoya los pies en el colchón y se deja caer sobre mi sexo, le agarro el culo por debajo y la ayudo a que suba y baje con más comodidad. No le impongo el ritmo, solo acompaño sus movimientos. Noto perfectamente la fortaleza de sus músculos pélvicos –no hay nada como las deportistas, están llenas de energía y más apretadas que las latinas los sábados por la noche–, podría romperme el nabo de un apretón. Su rostro se va trasformando a medida aumenta el ritmo de sus movimientos. Con los ojos cerramos y la boca entreabierta va entrando en un glorioso frenesí, instintivamente sube y baja cada vez un poco más rápido al notar el aumento de la tensión del músculo que tiene ensartado, entonces le digo en tono apasionado: — Abre los ojos, mírame y no te pares hasta que me lo saques todo. 
Me quedo maravillado viendo como la excitación va modificando los rasgos de su cara. Cada vez más y más sensuales, y cuando su sexo nota la tensión del mío y que mi orgasmo es inminente, abre de par en par los ojos y me mira apasionada hasta que su rostro estalla en una explosión de gozo y belleza, arrastrándome sin compasión hasta el clímax más brutal que soy capaz de recordar.
Enseguida noto que ella no ha tenido el suyo, parece que le cuesta un poquito llegar, así que la pongo a cuatro patas y, juntando en forma de cuña los dedos índice, corazón y anular, se los clavo en el coño de un golpe seco y enérgico. Se los meto lo más hondo que puedo y comienzo a aumentar el ritmo, adentro, afuera… Levanta la cabeza y me mira, está guapísima cargada de pasión, entonces añado el dedo pulgar a la fiesta metiéndoselo en el culo y sigo aumentando poco a poco el ritmo; al poco vuelve a levantar la cabeza, me mira un instante como si yo fuera un dios, vuelve a enterrar la cabeza en la almohada, da un largo y sensual gemido y se mea toda a medida que su cuerpo se estremece más y más hasta que se desploma sobre la cama como una muñeca de trapo.