martes, 26 de mayo de 2009

El eco de mis pasos

En carnaval, cuando mires a la bahía, quizás veas Puntales, al fondo Puerto Real.
Habrá, casi con toda seguridad, grandes barcos grises atracados borda con borda. Si prestas atención al viento, quizás oigas una risa lejana, quizás, en ese instante, el brillo azul de una mirada te golpee el rostro.
En ese fugaz momento, oirás el ir y venir de un hombre muy joven, casi un muchacho, caminando por la cubierta de un barco gris. Zarpa, rumbo a mar abierto, sin saber su destino.
Quizás puedas sentir que zarpas con él, como el viento, duro y frío del Atlántico, os azota el rostro.
Ese hombre, que presentirás a tu lado, es el eco de mis pasos...
Y la playa de la Caleta quizás atrape tu mirada. El viejo fortín militar, y los miradores, como viejos puentes colgantes huérfanos de una orilla, te llenen de nostalgia.
Quizás el atardecer te posea, y el rojo sol, prenda fuego a tu rostro mientras muere, entonces, cuando la luz declina inexorable en el horizonte, quizás mires al mar, quizás presientas una mirada furtiva, un fugaz relámpago de neón azul envuelto en cálidos destellos amarillos, entonces, sólo entonces, si prestas atención al viento, oirás, navegando en la brisa, el eco de mis pasos.