martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre

Creo que me acabo/me acaban de apuntar a un proyecto nuevo. “Junto al delta” se encuentra en estado de fosilización profunda por falta de material fumable. Si no me divierto la cosa no marcha igual. No marcha.
Por eso he dicho que si. El único inconveniente es que se amontonará todo. Como si lo viera: En cuanto empiece, aparecerá la Bustillo diciéndome: “Me tienes abandonada en una puta gasolinera, cabrón”. ¡Qué se joda¡
Oigo el salpicar de la lluvia en los cristales de la ventana pensando que quizá con ese proyecto cancelaré una deuda que no tengo. Pero en dos semanas esto olerá a hierba que te cagas y necesito tener algo fijo sobre lo que escribir mientras que la imaginación no resuelva el otro asunto.
Al bar de esquina, donde suelo ir a tomar café por la mañanas, le han dado el palo dos veces en diez días.
“Crisis, hay crisis”, cuentan las noticias.
Hubo huelguita general, y unos cientos de jóvenes despertaron por unas horas al fantasma de la “Rosa de fuego”, y el cielo y el futuro están más negros que el bigote de Frida Khalo, y, a falta de otra cosa, llevo desde el verano leyendo sin parar, casi sin comerme una rosca, y largos tragos de jarabe para la tos. Nada de Codeisan, de los que no colocan ni pizca.
Los vecinos pasean perros bajo la lluvia cuando me asomo a la ventana. El tráfico rodado parece estar de vacaciones, y un gris plomizo es el dueño del paisaje.