viernes, 29 de marzo de 2013

Niebla (fragmento)

Aquella mañana, al abrir las ventanas de su pequeño apartamento, el halo gélido y azul de la niebla lo sobrecogió. Una corriente eléctrica recorrió como un rayo su columna vertebral. La niebla amenazaba con entrar en su pequeño mundo, y una vaharada espesa y pútrida le llegó con toda nitidez desde la izquierda. Los incendios habían desaparecido, pero las negras columnas de humo todavía eran visibles desde la ventana.
El virus del capitalismo toca fondo, y la sociedad se depreda a sí misma, y regurgita niebla ponzoñosa y pestilente.
El caos del centro de la ciudad se aproximaba inexorable.
Es un fin de ciclo, un mundo muere, y otro, indefinido y voraz, quiere ocupar su puesto, se decía, mientras pensaba una ruta segura para llegar al Campamento…
Tres rostros infantiles alzan sus brazos cuando abre el container para tirar la basura. El parque de La Ciutadella rebosa de parados vagabundeando sin rumbo a causa de la malnutrición. Encías sangrantes y miradas perdidas alimentándose del césped. Alguien cae de un árbol cuando intenta alcanzar unas piñas. Salen de la niebla unas cuantas manos que lo despojan de todo. Ojos de animal agonizante mientras dedos de sangre y miedo se reparten sus despojos. Calzoncillos sucios y calcetines agujereados perecen con el hombre.
Un policía atado a un banco y sodomizado con su propia porra grita pidiendo ayuda, se oyen risas entre la niebla.
Formaba parte del campamento del norte. El Campamento era uno de los pocos reductos donde aún existía un mínimo de organización. Controlaban
gran parte de la zona norte de la ciudad, el segmento colindante de Collserola, y lo que es más importante, la estación de suministro de agua de la Trinitat. Aquella infraestructura era capital para la ciudad.
-Hace dos noches, todavía no se sabe desde donde, inyectaron gas en la red de alcantarillado. De día reina una calma tensa, pero de noche… de noche es una locura. Grupos de incontrolados armados con todo lo que tienen a mano montan barricadas, asaltan tiendas y domicilios.
Ayer por la noche contabilizaron doscientos muertos ¿puedes creértelo? Más allá de nuestro perímetro es el caos.
Han saqueado las armerías antes de que la policía, desbordada como está, haya podido reaccionar. Hay cantidad de cretinos vestidos de camuflaje y armados con escopetas vagando por la ciudad.
-¡Lo qué faltaba! Un montón de desesperados armados hasta los dientes buscándose el sustento por su cuenta.
¿Y los demás grupos? ¿Qué está pasando?
-Todavía no lo sabemos. Salimos cada noche. Sin duda hay otros campamentos, pero las comunicaciones… las comunicaciones no son fiables. Montar una red en estas circunstancias es muy delicado.
-¿Ves a tu chica? –preguntó con sonrisa maliciosa.
-¿A la enfermera? Sí, casi todas las noches que bajo al centro termino en su casa. Después  de media vida lamiendo coños de mujeres ingratas por fin he tenido suerte.
Laura me ha dicho que una amiga suya que trabaja en el Valle Hebrón le contó hace unos días que dos cirujanos salieron de la zona de quirófanos dando alaridos bisturí en mano y repartiendo tajos por los pasillos a todo lo que se ponía por delante. Desjarretaron a una docena de pacientes antes que pudieran abatirlos a tiros.
Es más seguro moverse de día, así que espero en su casa el resto de la noche. A primera hora la acompaño al Hospital del Mar. Luego me reúno con el resto del grupo en un bar cercano al Pla del Palau y subimos todos juntos.
Cada vez hay más gente enloquecida por las calles.
En el hospital creen que la niebla es la responsable. La mayoría de ingresados no responde a los antipsicóticos. Todos soltaron el mismo rollo: Primero se sintieron atraídos por la niebla, a partir de ahí no recuerdan nada.
Ayer, mientras esperábamos a Raúl, un militar retirado ido de la olla se lió a tiros junto a la estación de Francia. Tres muertos y cinco heridos. Lo redujeron mientras intentaba cargar la pipa de nuevo.
Aquí arriba tenemos suerte, la brisa dispersa la niebla y parece que al perder densidad disminuye su eficacia.
Unos predican el Apocalipsis en las entradas del metro, otros recorren los vagones con cascos de motorista para que los extraterrestres no les lean el pensamiento y hablan de guerra interplanetaria…; los indepes lo tienen muy claro: Barcelona es víctima de una operación militar con una nueva arma estratégica. Un ataque del ejercito español contra las mentes de Catalunya, aseguran muy convencidos.
Mira, esto es nuevo, unas estampitas de la Virgen del Petróleo. Me las dieron hace unos días dos beatas que paseaban por la rambla de Poble Nou.
-¡Qué morenita!
-No te rías cabrón, no te rías… Resulta que un julai que iba a repostar dice se le apareció en uno de los postes de la gasolinera de Pere IV. Han instalado una pequeña ermita en el surtidor, y aquello se ha llenado de beatas vestidas de negro sentadas en sillitas plegables rezando el rosario a todas horas. Al parecer, piden a “La Negrita de Dios” que interceda por nosotros y consiga que el Altísimo se lleve la niebla. El dueño de la gasolinera está que se sube por las paredes con el circo que le han montado. ¡Qué flipe, eh!
Hasta el arzobispo tuvo que intervenir cuando las beatas se emperraron en encender unas velas negras para su virgencita.
¿Y tú?, ¿sabes algo sobre la niebla?
-Se investiga, se investiga… Se han puesto sensores, se recogen y analizan muestras…; incluso varios centros de meditación, junto con un reconocido lama tibetano que se encuentra en la ciudad para dar unas conferencias en la Casa Asia, convocaron una concentración de esas donde se medita colectivamente con el objetivo de crear un frente energético que neutralizara la niebla.
Quinientas personas en trance enfrentándose a la niebla… Un veinte por ciento de ellos, con sensores y  cámaras instalados en la cabeza, fueron los encargados de grabar y enviar la información a tiempo real.
El envío falló a causa de los estallidos electromagnéticos que periódicamente despide la niebla, pero los equipos portátiles especiales de grabación de imágenes y registro de datos que llevaban incorporados funcionaron bien.
Parece ser que estos estallidos son de tal magnitud, que neutralizan todas las señales eléctricas en varios kilómetros a la redonda. Ni móviles, ni fijos, ni internet, nada de nada. Quinientos metros a su alrededor, la niebla es capaz de freír este tipo de conexiones, y los equipos corrientes quedan tan inservibles como si los hubieras metido en un microondas.
El maestro lama -no sé qué Rimpoché- y un centenar de discípulos suyos se levantaron tan campantes después de que, tres horas más tarde, la niebla se disipara con las embestidas del fuerte viento de levante que comenzó a soplar a medianoche; pero el resto…
-¿Qué ha pasado con el resto?
Bueno… solo han pasado dos semanas, pero…, tras un montón de pruebas, encefalogramas, análisis, tacs, resonancias magnéticas y toda la pesca, el pronóstico en general es desolador… Poco más de cien están acabados sin remedio, en estado catatónico profundo y con nulas posibilidades de volver a ser quienes fueron; setenta y uno ya han palmado, y los demás padecen psicosis más o menos agudas, y, de momento, la fuerte medicación que se les ha proporcionado parece no dar ningún resultado positivo; aunque no se descarta que más adelante puedan mejorar.
Las descargas electromagnéticas de la niebla cortocircuitan las conexiones sinápticas de las neuronas. O dicho de otra manera: la mierda esa te acaba achicharrando el cerebro, las autopsias son concluyentes en eso. Te los podrías comer con sanfaina.
Durante el experimento pasó algo muy extraño: Salieron de entre la niebla seis o siete tipos muertos de risa. Iban tan fumados que no se enteraron de nada. Pasaron por delante de los que meditaban junto al Arco de Triunfo tomándose unas latas, incluso se pararon unos minutos en un banco de los que hay frente a los antiguos juzgados a liarse unos canutos.
“La niebla azul es flipante”, aseguraron a los médicos mientras los reconocían. Nada, estaban, como ellos mismos decían, de puta madre. Se partieron de risa con las pintas que hacían los de emergencias dentro de los trajes antirradiación; incluso se tomaron unas cervezas que llevaban en un macuto enorme mientras eran interrogados por los facultativos desplegados en los alrededores… Seguramente han abierto otra línea de investigación con este asunto. Esa inmunidad, sea pasajera o permanente, ha de ser estudiada a fondo. Me han llegado sus datos.
Son socios de un club de fumadores. El Lagarto Verde creo que se llama. En fin, la dirección está en el informe.
Mañana has de hacer algo por mí. Esta silla de ruedas no me permite hacerlo con la debida discreción, y tal como está el centro…
Castellví es un sabio, una de la mentes más preclaras de la ciudad, y es de los nuestros. Un barcelonés que, por encima de todo, ama esta ciudad.
Investigador del CSIC y profesor universitario, se jubiló hace un par de años, pero sigue muy relacionado con el mundo de la ciencia. Sabe quién es quién en el pequeño mundo de la investigación catalana y española.
Te he preparado un sobre con el dossier y una carta de presentación. Tienes que dárselo cuanto antes.
-Quizá este fin de semana no pueda. Alguien ha de ir a hablar con los fumetas. Iré con Raúl, es un conocido militante cánabico. Conocemos el ambiente y pasaremos desapercibidos. Con los fumetas hay que ser discretos, tienen una locuacidad legendaria.
-Tampoco hacemos nada ilegal.
-Ya lo sé Miquel, ya lo sé, pero me huelo algo raro…; flota en el ambiente, como la niebla.
-Se ha hecho tarde ¿pasarás la noche aquí?
-Sí, oscurece y no quiero correr riesgos innecesarios.
He traído una botella de Néspola, un tinto artesanal que me regalaron hace unos meses. Nos la beberemos a la salud del Palla -uno de sus creadores- antes de que esta ciudad se vaya a la mierda con todos nosotros dentro.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad…
El imponente grupo de delincuentes juveniles baja por la calle Lepanto cantando Ciutat Podrida. Navaja en mano, destrozan a patadas coches y mobiliario urbano y sirlan a todos los que les salen al paso.
Un enjambre de treintañeras verriondas avanza por la calle Bruniquer, desnudas de cintura para abajo agitan bragas y condones levantando los brazos hacía las ventanas de los edificios adyacentes. ¡Bajar si sois hombres! ¡Bajar, hijos de puta! ¡Os vamos a enseñar lo que no os enseñaron vuestras mamás, maricones de mierda! ¡Salir si tenéis huevos! Apoyan los codos en los coches aparcados y sacuden el culo desesperadamente. Muslos mojados chispean a la luz de las farolas…
El choque con los adolescentes navajeros es inevitable.
La Abeja Reina -una enana bollera entrada en años- es la primera en verlos. ¡Zorras, id a por ellos! ¡Caparlos a todos, no dejéis ni uno! Una de las treintañeras se encara con ella y le grita: ¡Cierra el pico, puta vieja! ¡Vete a oler bragas a otra parte! Esta noche queremos nabo.
Al amanecer, cientos de bragas, gayumbos y condones usados alfombran la plaza Joanich; y tres tías despanzurradas y ocho adolescentes capados, que se han desangrado durante la noche, yacen muertos junto a la boca de metro de la esquina de la calle Lepanto.