domingo, 15 de marzo de 2015

Ana

Nos volvemos a encontrar, Matajari de mercadillo. Andaba con lo del cuento erótico cuando me han asaltado las dudas. El prisma desde donde enfocarlo me atenaza y, solo ante el dilema, he tomado la decisión de consultar a la fuente. La fuente eterna que vas a representar en una de sus facetas más gozosas me hace dedicarte estas líneas.
Dado mi carácter, me inclino por el relato apasionado de tonos suaves, y te veo sentada en un bidet refrescándote el chichi, una escena con gancho, no te quepa duda. Luego he pensado en tu imagen de ayer –toda una actuación de alguien que reclama atención-, esa femme fatale seudo rockera, y me he dicho: quizá prefiera que la sodomicen borracha en un callejón poligonero después de un concierto. Sinceramente, lo veo un poco sórdido para esa sonrisa de chochete televiso de programa canalla que te gastas.
Después he barajado una posibilidad más sofisticada, mi postre preferido: un plátano bien macerado en tus jugos más íntimos servido dentro de tu vagina, sin duda una buena opción. Pero entonces me ha venido una imagen más carnal, encendida y gozosa: desnuda y sentada sobre mi rostro moviendo las caderas adelante y atrás lentamente mientras te doy palmaditas en el culo. O quizá prefieres a una mujer solitaria con un montón de artilugios a pilas en un cajón de la mesita de noche que se satisface a si misma ensoñando un polvo que jamás tendrá.
En fin, ya ves mis dudas. Trato de ser un cuentista honesto, dentro de lo cabe en un cuentista honesto; por eso te consulto, Ana.
¿Hay alguna opción de tu gusto?
Espero tus sugerencias.