miércoles, 28 de septiembre de 2011

Pa la Trini

Trini, necesito pedirte un favor. Como ya sabes, últimamente tengo bastante migraña. He pedido hora con el neurólogo y me la han dado para junio del año próximo. Tengo la migraña ahora, así que, mientras tanto, quería pedirte consejo. Dieta, alcohol, tabaco etc., en fin, si tienes información al respecto y me la puedes trasladar te quedaría muy agradecido.
A cambio, te adjunto una canción muy especial, una canción que Aute escribió, a modo de homenaje, a los últimos ejecutados por el franquismo.
El amor y la muerte, las dos caras de la moneda de la vida, magistralmente expresadas. Recuerdo perfectamente aquel dos marzo, recién cumplidos los diecisiete, en que asesinaron a Salvador; aquel día me hice adulto del todo. Ahora, creo que fue demasiado pronto, algo que pagué de sobra unos años más tarde.
Ya que estoy puesto, quisiera contarte niña como es la cosa… Según cuentan mis amig@s, tengo algo de Bukowsky, Burrouhgs, Sabina (un ligero toque canalla ochentero) y, sobre todo, de Kerouac.
Si bien la combinación literaria es, a mi gusto, inmejorable, quizá no lo sea tanto para la vida. No soy capaz de separarlas, llevan trenzadas muchos años; así ha de ser, y así será, y qué sea lo que dios quiera. Hacer otra cosa sería una falsificación que, seguramente, me privaría de escribir.
¿Arte u oficio? Quisiera ser lo primero.
Cuentan que la creación es el resultado de una carencia. Si esta afirmación está en lo cierto, cosa de la que estoy convencido, escribiré hasta el fin, contra más duela más escribiré, aunque las musas no colaboren ni pizca (allá ellas).
Ahora, que casi me conoces o puedes intuirme, te confesaré que soy un encanto de hombre casi todo el tiempo (por desgracia mis abuelas fallecieron hace siglos), no te dejes engañar por bravatas de gallo de corral, que, como ya sabes, también las tengo; entonces, tiro poco, pero a matar. Es mi sombra, y, a la manera budista durante la ceremonia del té, tengo que darle de comer de vez en cuando para que no se me subleve la condenada.
Aprovechando que no tengo ganas de dejarlo quisiera pedirte, a ti, que también eres mujer, consejo en un tema ultradelicado:
Verás Trini: Hace poco tuve un malentendido dialéctico con una guapa tocaya tuya, una tal Labajos. En resumen: ella se puso brava y yo gallito. Solo fue un malentendido y, aparentemente, todo está olvidado, pero me temo que le ha quedado mal sabor de boca, y quisiera tener un beau geste, que, a modo de elixir dental, se lo quitara.
Desgraciadamente, la idiosincrasia de las nativas de la provincia de Málaga se me escapa, solo he conocido más o menos bien a tres personas oriundas del lugar. Dos tenían muy malafolla y la otra era cojonuda. Tener una muestra tan poco representativa es como no tener nada, y no quiero arriesgarme a cagarla de nuevo. Tú eres de allí, por eso te pregunto: ¿Qué sería mejor? Yo había pensado en algún poema o cuento; porque, con el mal rollo que pilló, mandarle una motosierra podría ser el fin de los parques naturales de la zona. ¿Un cuento sobre el enano maricón que tocaba la guitarra? ¿El del viejo cojitranco y taciturno que, cuando aparece por el bar, nos mira y grita que cuidado con él; que ha sido espía y nos buscaremos una ruina? ¿O el de Julito, que se quedó colgado en segundo de matemáticas buscando la fórmula magistral que iba a arreglar el mundo?
Así estoy Trini, que no vivo venga a darle vueltas. ¿A ti qué te parece? ¿Quizá un poema bonito y con algo de morbo? ¿Una estampa barcelonesa? Una bombona de butano, al precio que se ha puesto, tampoco estaría mal. El cuento erótico me tienta, pero ahí me la juego a doble o nada. En ese terreno la experiencia me dice que o triunfas o te parten la boca; y sin embargo me gusta el riesgo. Luego, pienso que quizá ni se moleste en leerlo. Lo imprimirá, lo pasará por el triturador de documentos y, entre carcajadas, le pegará fuego con gasolina sin plomo, para después arrojar las cenizas en cualquier profunda sima de la sierra malagueña durante una de sus excursiones. ¿Crónica social? Ahí podría contarle la que hay liada en Hospital del Valle Hebrón, pero no viene al caso y pensaría que voy de listo.
¿Qué hago Trini? ¿Me la desnudo en una habitación de tonos cálidos y suaves, le doy un látigo y le pido que me sacuda? No vivo Trini, estoy que ni como ni duermo, globo p´arriba, globo p´abajo. ¿Paso de todo y que le den morcilla malagueña? Por mi madre que no vivo, no vivo.
En su último correo me mandó una espada de samurai escaneada, así que me temo lo peor… Es capaz de enviar a un experto en lucha oriental para que me explique detenidamente cómo las gastan las mujeres de tu tierra. ¿Crees que debería de ausentarme de mi domicilio habitual por un tiempo o pasar a la clandestinidad más absoluta? ¿Me estoy poniendo paranoico? ¿Existirá algún método infalible para aplacar las iras de las mujeres de tu tierra? ¡Qué marrón Trini, qué marrón!
Ni que decir tiene que tu colaboración sería inestimable para este espíritu atormentado, que, sin rubor, te ruega, qué digo te ruega, te suplica, lo ilumines en el difícil arte de comprender el alma de las malagueñas.


Un beso, y, de antemano, las gracias.