viernes, 26 de julio de 2013

Uno de indios

Es vergonzoso, han hecho falta dos cervezas y un par de petardos para ser capaz de empezar. El listillo de mi inconsciente ha sacado tu imagen y me la ha puesto delante de las narices.
¿Musa o distracción? Una pregunta a la que le he dado vueltas y más vueltas.
“Tus lindos ojos van y vienen…” con ese verso empezó a gestarse la pregunta…
Ahora mismo ando con lo de Niebla, y de pronto salta tu imagen como empujada por misterioso resorte.
“Uno treinta y sinco…” Como camarera tengo que reconocer que casi siempre te portaste bien, pero…, desde los días que solía pedirte un descafeinado por la mañana, hasta ahora, que Niebla se esconde porque acaba mal; y habéis intercambiado papeles porque es una historia sombría y necesito una pausa y una sonrisa, ha llovido mucho.
¡Qué tiempos aquellos! Cuando un poema podía estar al servicio de dos musas al mismo tiempo. Patricia, al menos, era capaz de valorarlo; y alguno me agradeció como solo una mujer puede hacerlo. Lástima que estaba como una cabra -cuando le daba un chungo era capaz de ponerte los pelos de punta-
Los cuentos de La Estrella y El Vagabundo en realidad los escribió un colega mío. Un tipo romántico que ama la literatura norteamericana del siglo pasado y envidia los relámpagos de lucidez de Poe. Un tipo raro. Es un peligro, le gustas demasiado. No te lo recomiendo.
Hizo de negro para mi, a qué negarlo. Me aproveché de cierta primacía que tengo sobre él para sacarle algo más de treinta páginas y unos cuantos poemas por unos pocos pavos. Lo utilice vilmente, soy un fraude. Es mejor que lo sepas.
El corazón usa las palabras para modular tu ausencia. Te traen a mí. Y te enfundan como una mosquitera ciñe el lecho, donde, al abrigo de miradas indiscretas, te desnudas sin pudor a sabiendas de que solo puedo entrever las curvas de tus perfiles tras los velos del lenguaje y la memoria.
Quizá en agosto me vaya un par de meses. Es posible que me contraten para capar monos en la selva amazónica por cuenta de una compañía farmacéutica. Solo contratan tíos porque, según ellos, hacen el trabajo con más cuidado que las mujeres. Al parecer, el cojón de mono contiene una hormona muy preciada y hay que tratarlo con cuidado. Se congelan recién extirpados y se envían a Europa por avión usando una pista clandestina abandonada por los narcotraficantes de la zona.
El babuino enano del amazonas es venerado por los indígenas del lugar, así que la tribu de los Pai Pai le tiene declarada la guerra a la compañía. Esto convierte el trabajo en ilegal, duro y peligroso, pero bien pagado.
Ahora mismo, estoy lleno de ronchas por culpa de las vacunas que me han puesto. Me han vacunado para enfermedades que ni siquiera sabía que existían.
Por último, quiero decirte que, si palmo por culpa de un dardo envenenado con curare –los cabrones de los Pai Pai son expertos en esa técnica- mi último pensamiento será para ti.
Dispuesta a devorarme al menor descuido, la selva procelosa me espera.