miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cita de internautas (qué bonito es el amor)

Y allí estaba, a las dos de la mañana buscándole el punto G con un cepillo de dientes a una obsesa sexual. Cómo he llegado a esto, con las mujeres estupendas que andan por ahí, me preguntaba mientras seguía sus complicadas instrucciones: ahora gíralo, sube y baja despacito, dale vueltas, para un poco y pásame la lengua…, sigue, sigue, no te pares…
Sin duda, el embriagador desparpajo de cuarentona follable que se gasta por la red había tenido la culpa. Estuve a punto de meterle el cepillo por el culo, pero me contuve. Paso, solo falta que le guste y me tenga dos horas más dándole vueltas.
Después de tres horas hurgando con el cepillo en aquél sexo inasequible al desaliento, el romanticismo que me quedaba yacía moribundo como una rata envenenada.
-¿Adónde vas?
-A beber agua, o lo que se tercie. De paso estiraré un poco la lengua. Necesito ventilarme, no quiero oler a coño toda la vida.
-Cari, por favor…, tráeme un güisquito cuando vuelvas. Con agua y un poco de hielo si no te importa.
Ya no daba órdenes, pedía las cosas. Todo un detalle. 
Al abrir la nevera para coger agua fría me topé con un ejemplar de pepino formato mágnum. La imagen de aquel pepino solitario rodeado de alcachofas me debió dar de lleno en el inconsciente, porque una sonrisa de colmillo se adueñó de mi rostro mientras lo lavaba bajo el chorro de agua de la fregadera. Un poco excesivo, pero con un poco de aceite del bueno…; de ése de la cooperativa que guarda para las ensaladas, es cosa hecha. Se va enterar de lo que vale un peine.
Durante cinco minutos apretó los dientes, pero luego fue coser y cantar. Adentro y afuera, yo cosía y ella cantaba. A grito pelado, pero cantaba.