lunes, 26 de septiembre de 2016

Un recuerdo

— “Yo, Mario, fui alcohólica hasta los treinta, y me reía de todo. Salía de marcha con el hijo de Vargas Llosa, éramos amigos… Pero entonces…”
De pronto se calló y miró hacía otro lado. No hizo falta preguntar nada. Enseguida supe lo que le había sucedido. Los hay que se quedan atrapados para siempre.
Levanté los brazos y le cogí afectuosamente el rostro. Esperé unos segundos para dar tiempo a que el calor de mis manos corriera por sus mejillas. Después le fui girando suavemente la cabeza hasta que estuvimos de nuevo cara a cara. Estaba a punto de romper a llorar… Acerqué muy despacio mi rostro al suyo y la cubrí de besos…