domingo, 20 de noviembre de 2016

Corte cuatro, Good morning little schoolgirl 1 (unos días de febrero)

Los tibios días de aquella increíble semana trascurrieron soñando despierto: Aquella tiene unos ojos muy parecidos, otra su caminar, la sonrisa de aquella otra era la suya, su bonita melena ondulada estaba por todas partes, la chica de la panadería parecía haberle robado la mirada… Todas son ella, me decía. Vivía entre ensueños y notas, tomaba apuntes y más apuntes inmerso en una atmósfera febril cargada de sensualidad mientras contaba los días y esperaba impaciente nuestro próximo encuentro. Por fin, el jueves por la tarde mandó un mensaje por el chat, quería saber si tenía libre la mañana del sábado.
El corazón me dio un brinco. — ¡Joder, está más buena que una bolsa de conguitos! –exclamé alborozado. Llevaba tres días soñando con sus bragas… con aquel fresco pecho de tímidos pezones –qué tanto cariño necesitan para alzarse en toda su juvenil plenitud–, con su boca y sus tiernos besos, dulces y faltos aún de malicia, pero llenos de emoción, donde a veces asoma por un instante un cálido temblor fruto del placer de sentir algún inconfesable sueño adolescente cumplido.