martes, 22 de noviembre de 2011

Desnuda

Desnuda, te imagino desnuda
te veo desnuda, desnuda te sueño
desnuda, siempre desnuda
te escribo desnuda
boca vestida de coral, pelo recogido y clavel tinto
en los ojos miel de romero
las pestañas puñales negros
teñida al sol la piel desierta,
tostadas, las cumbres de tu pecho
solitario liguero negro
diez rubís en las manos
húmedo y cobrizo el sexo
hueles a crepúsculo de mar desnuda
a noche interminable, a hembra sedienta,
brisa fugaz de horas lentas y negras,
mudo acento acento del sur,
y desnuda, siempre desnuda.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Picapleitos (mientras tanto)

Salimos del metro en Urquinaona, a escasos metros del Palau…
En el primer semáforo me quedé un momento detrás de ella.
-¿Me estás mirando el culo?
-Pues sí -reconocí-. Es lo más parecido a la felicidad que he visto nunca.
Soltó una sonora carcajada… Un momento delicado. La diferencia entre un baboso y un hombre apasionado la define su capricho o sus intereses.
Delante de la puerta del Palau comenzó a hacer preguntas y más preguntas sobre el singular edificio. Yo había preparado aquella visita durante semanas, así que no me pilló desprevenido. Le solté un rollo sobre el modernismo que había sacado de la enciclopedia Espasa mientras tomábamos una copa en la cafetería del inmueble.
Esta picapleitos seguro que trabaja para un oscuro grupo de inversores de la Costa del Sol, así que un gatillazo esta noche podría tener consecuencias imprevisibles, me repetía mientras salíamos del Palau y encarábamos Vía Layetana.
Cuando llegamos a la altura de la comisaría me paré empujado por un viejo  resorte… Le hablé de su negra historia, del asqueroso sótano donde se hacinaba  a los detenidos en tenebrosas celdas llenas de roña, del rancio olor de las mugrientas colchonetas, de mantas pringosas que no se habían lavado nunca, de aquella peste asfixiante que no te dejaba dormir…
Por zanjar el tema le dije: Tenían que haber dinamitado el edificio cuando acabó la dictadura; pero ahí sigue este símbolo de la iniquidad, imperturbable y ajeno al dolor causado a tantos barceloneses que lucharon por la libertad.
Noni, con la complicidad de los medios de comunicación, estamos atrapados entre la extrema hijoputez política, la codicia insaciable de banqueros y mercados y la paniaguada desidia crónica de un par sindicatos eternamente claudicantes.
Camino de las Ramblas, que quería ver sin falta, no quedó más remedio que pasar por Sant Jaume y las calles del Call. Las románticas callejas del viejo barrio judío fueron cómplices de mi pasión y testigos de nuestros primeros besos.
Guapa mujer la picapleitos, y uno, que es soñador de profesión, vagabundo por destino, romántico y apasionado sin remedio, cuentista de vocación y disidente por elección, comprende, mientras caminan abrazados por el C/ Ferrán rumbo a las Ramblas, que pertenecen a mundos muy diferentes, que nada de lo que haga cambiará éso. Pero me dejo llevar por el brillo de sus ojos, borracho de vida la aprieto contra mí, dejando atrás el escalofrío provocado por la desolada imagen de una derrota.
Cuando llegamos a las Ramblas había oscurecido, y la fauna noctámbula de fin de semana, bastante más tempranera que los bohemios de toda la vida a quienes pretendían emular, aprovechaban que era víspera de festivo para tirarse al ruedo de la noche barcelonesa, mezclándose con las reatas de turistas que, cumpliendo una suerte de ritual leído en alguna guía, subían y bajaban por la rambla como autómatas.
A los rambleros de toda vida parecía habérselos tragado la incesante marea de visitantes, y los eventos culturales asociados a este colectivo habían dado paso a un monótono desfile entre estatuas humanas, que, con más o menos acierto, salpican el paseo a todas horas; ni asomo de la agitación cultural y festiva de antaño.
La creatividad de Las Ramblas se había institucionalizado años atrás. Lo inesperado había dejado de serlo, yacía desde mucho antes en el cajón de las subvenciones de algún estamento municipal o gubernativo. Dejó de ser una fiesta para convertirse en un negocio.
La atmósfera transgresora, vitalista y tolerante de otros tiempos, devorada por los estereotipos culturales de los cuadros técnicos de la administración, había desaparecido o se había dispersado en las catacumbas de las calles adyacentes y los barrios periféricos.
Los empobrecidos barceloneses ya no somos dueños de nuestras calles ni protagonistas de nuestra cultura; como figurantes o convidados de piedra, presenciamos impotentes un interminable espectáculo diseñado para turistas y tontos del culo que, salvo en contadas ocasiones, poco o nada tienen que ver con nosotros.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Se llama Trinidad (mientras tanto)

Eran cerca las ocho cuando llegué al garito, y ya estaba allí. Sentada en la mesa del rincón, bajo la inmensa pantalla de televisión que solo funcionaba la noche de los sábados.
Cuarentona desconocida toma gin-tonic en un rincón a primera hora. Suenan los hermanos Allman (su directo en el Fillmore).
En la barra hay un tipo pequeño con greñas y patillas. Perilla igualmente jevi. Así que debe ser jueves.
-Amador, ponme una Voll que vengo nublado. Me ha parecido ver junto a la tele a una tía buena tomando un gin-tonic. Anoche debí fumar demasiado.
Amador asiente con la cabeza mientras saca una jarra fría del congelador. Cuando llega con la cerveza, en tono confidencial, me dice:
-Ha llegado nada más abrir. No es de por aquí. Ha pedido el pelotazo con cara de pocos amigos y se ha largado al rincón. No va de napia, porque lleva tres cuartos de hora sentada y todavía no ha pisado el tigre; y está pa darle matarile.
Me solía fiar de sus retratos robot. La barra tiene una perspectiva privilegiada, y, desde ella, los brillantes ojos de Amador, como un láser, barrían periódicamente toda la sala.
-Será una pantera en busca de niñato chulo y pastillero, aventuré.
-Me parece que no. Si fuera de ese palo estaría sentada en la barra. Además lleva un yin-yang en cada oreja –apuntó Amador.
-Una friki de rollo oriental; y cuarentona de buen ver… Tío, tengo que encontrar la manera de entrarle; que las de por aquí están más vistas que las series de sicópatas…
-Anda con ojo, que a esa edad están todas resabiadas, y con la premenopausia a veces suelen gastar muy mala leche -me advirtió, mientras me daba el cambio.
-¿Por qué no pones algo que le vaya bien? Un poco más rockero… La Velvet, por ejemplo. Un toque underground seguro que le cambia el humor.
Sin duda, por debajo de la incansable guitarra de Duane Allman, nos debía oír cuchichear, porque dejó de mirar a la pared y se removió inquieta durante unos pocos segundos…; después sacó el móvil y se refugió en alguna de sus aplicaciones. Lo utilizaba a modo de escudo, como yo hacía con los cigarrillos cuando me sentía vulnerable.
Salvo dos mechas que caían a ambos lados del rostro, llevaba el pelo recogido en un pequeño moño. Pelo castaño oscuro, ojos grandes del mismo color, la nariz posee una ligera curva árabe en la punta, labios de un rojo discreto, o quizá granate; entre las opacidades que proporcionaban la distancia y la escasa iluminación de la mesa rincón, era difícil de asegurar. Pechos medianos, que, tensando en su cúspide la tela de blusa, todavía mostraban su osadía con altivez juvenil.
Cuando empezó a sonar la Velvet cogí la cerveza y me senté en una mesa. Saqué la libreta y el bolígrafo. Había ganado unos metros…
Su aspecto, con ese aire cuidadosamente desaliñado, cantaba entre las viejas y deslucidas mesas; o quizá, como a una luciérnaga, la hacían resaltar en la yerma penumbra de su rincón.
Mientras reunía energías para entablar conversación, comencé a garabatear ideas… Tenía varios versos sueltos con los que especular y pensé que quizá podría aprovecharlos para hacerle un poema.
Ella parecía inmersa en lo suyo, pero no era del todo cierto. Varias veces, al apartar la vista de la libreta para pegar un trago, la sorprendí levantando un instante los ojos por encima del iPhone. El rincón es inexpugnable, hasta allí no llega la señal de internet ni de coña.
Era genial, estaba tonteando y aún no se había dado cuenta. O quizá era yo el que no se enteraba de nada, y no era el cazador, sino la presa. Sonaba mal, pero era mucho mejor para mis propósitos… Además, iba más apretada que los tornillos de un submarino. Un cuerpo de curvas serpenteantes y armoniosas, expectante y acurrucadito en un rincón con los ojos muy abiertos. Demasiado cinematográfico para ser casual. Había premeditación. Sin duda conocía el negocio.
Con gesto decidido, me acerqué hasta su mesa y le dije: Hola, me llamo Matías.
-Yo Trinidad, pero todos me llaman Noni –contestó alargando la mano para saludarme.
Sin tener en cuenta el gesto, me agaché y la besé en ambas mejillas.
-¿Has venido por lo de los jueves? –pregunté, al tiempo que me sentaba.
-¿Qué pasa los jueves? –preguntó divertida.
-Desde hace unos meses, todos los jueves se reúne aquí una conocida asociación de fumetas. Cada uno trae su maría, y hacen intercambios de esquejes, semillas, hierba. Fuman, charlan de cultivos…
Siempre viene gente que ha contactado con ellos por internet, y suelen sentarse a esperar hasta que alguien les pregunta. Sobre todo la peña que anda de paso por Barcelona.
-Ando de paso, pero no he venido por éso -respondió.
-Este local es únicamente para los socios. Así que si no eres socia ni te ha invitado alguien que lo sea…
-Éso lo vas a tener que hacer tú –contestó, sin dejarme terminar.
-Guapa, soy socio “honoris causa”. Está hecho desde que me senté contigo.
-Mario, eres un cabrón. Deja de tomarme el pelo, la libreta te ha delatado.
-Noni, la foto que me enviaste no te hace justicia, y desde lejos este rincón yace en la más absoluta de las tinieblas. No te he reconocido hasta que me he acercado. Lo siento, no he podido resistirme.
Juraría que habíamos quedado mañana.
-Sí, pero…
-¿Has venido ha reconocer el terreno? –atajé.
Luego, sin venir a cuento, le dije: No tengo nada en contra de los abogados, pero dos colegas míos lo son; y si los hubieras conocido hace veinticinco años no te dejarías defender por ellos por nada del mundo.
-Empiezo a pensar que no ha sido buena idea venir a Barcelona –comentó, con aíre de desencanto.
-Nada de eso –respondí-. Es una ciudad de rincones preciosos. Aunque las rutas turísticas son un muermo lleno de tópicos. Hasta tienen una ácrata.
Muy cerca de aquí está la pequeña plaza de “Las madres de la Plaza de mayo”. Allí, entre la fuente y la acera, hay una tapa de alcantarilla con una inscripción que nos recuerda que “Face”, el penúltimo día de agosto del 57, cayó muerto en una emboscada de la Guardia Civil.
Los hay que vienen fascinados por pasear por que la fue la calle más revolucionaria del mundo y se meten en un caudaloso rio humano donde son capaces de robarte las bragas sin quitarte los pantys… (Volvió a sonreír)
Barcelona se ha convertido en una ciudad escaparate, con decirte que, desde hace un año, en las zonas turísticas los feos se ven obligados a hacer los recados de noche para no estropear la imagen que tanto dinero le ha costado al consistorio, está dicho todo.
Ni el alcalde, que es gangoso y más feo que un cangrejo, se atreve a desafiar la estricta normativa. Así que cuando tiene algún acto público en esa zona manda siempre a alguna agraciada representante del municipio para que lo sustituya.
Afortunadamente, a nosotros no nos afecta ese precepto. Coge el bolso que nos largamos a dar una vuelta por ahí antes de que llegue la tribu canábica  y esto se convierta en una psicodélica cámara de gas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

A propósito del arte

Los que piensen que eso de ser poeta es algo relajado, pletórico de flores y metáforas sublimes, de dulces amores platónicos, es que no conocen ese mundo.
En público me han dicho de todo menos guapo:
Escritor braguetero, baboso, calientabragas, cabrón, manipulador, fetichista…
En privado ha ido mejor, aunque ha habido de todo. Hubo una que, después de pasar un tórrido y, para mí, agotador fin de semana sin salir apenas del sobre -y en el que acabé medio ciego y tropezando con todo-, se fue a la comisaría de Aiguablava e intentó ponerme una denuncia por acoso simbólico.
Al parecer se sentía acosada por la oscura metáfora de uno de mis poemas. Menos mal que el mosso de turno era espabilado y enseguida llamó al médico de la comisaría, que la despachó en dos minutos con un volante para el psiquiatra.
U otra, que lo primero que me dijo después de que nos presentaran fue: Encanto, qué lástima haberte conocido esta noche, porque ahora mismo no tengo el chichi pa farolillos
¡Ay, las musas! Inefables, volubles, caprichosas, posesivas.
La musa, sin duda está sobrevalorada. Supongo que debe ser porque todavía no cobran derechos de autor, lo que hace que el poeta, a pesar de todo, les tenga cierto cariño, ya que su contribución al arte, a la lírica en general -al menos en ámbito económico-, sigue siendo desinteresada.
Al fin y al cabo tampoco hay guita que rascar. No hay poeta que se precie que no haya pasado más hambre que un perro chico. Así que tampoco es para tanto.
Aunque dicen que la vida siempre te acaba regalando un rayo de sol de vez en cuando. Hace siete años que espero mi turno y todavía no me ha tocado. Pero no pierdo la esperanza de que entre tanto despropósito se cuele algún día una bella flor silvestre que rompa la mala racha que llevo.
Sin duda debo ser un pésimo poeta, y como tal, tengo las musas que me merezco. Cruel destino el mío. 



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Esto que ven aquí, simboliza el núcleo fundamental que subyace en toda obra de arte.
Las bragas representan a las inefables y escurridizas fuerzas que gobiernan las caprichosas fuentes de la inspiración, y los bolígrafos juegan el papel de las energías creativas del artista.
El ketchup suplanta a los aditivos que, a modo de catalizador, muchos artistas usan para explorar los recónditos paisajes de su universo creativo 
El martillo personifica al impulso definitivo que fusiona los elementos simbólicos hasta convertirlos en lo que se suele llamar una obra de arte.

(A continuación se procede a anudar el paquete de bolígrafos con las bragas, éstas, se riegan con una generosa ración de ketchup, después se envuelve todo en un trozo de tela; entonces es cuando se agarra el martillo con energía y se machaca el hatillo resultante durante unos minutos. Acto seguido, se abre el envoltorio y se muestra al público.)

Como pueden observar, acabo de convertir unas bonitas bragas, un poco de salsa chunga y un paquete de bolígrafos de los chinos, en un amasijo pringoso que no significa absolutamente nada.
Con esta acción quería mostrar el riesgo implícito que conlleva todo arte.
¿Cómo distinguir pues, al cantamañanas que lo único que busca es inflar una personalidad enclenque a costa del arte, del artista verdadero?
Es muy sencillo, sólo hay que hacerle una pregunta: ¿Podrías vivir sin tocar, sin pintar, sin modelar, sin componer, sin escribir, etc.? Si la respuesta es no, estáis delante de un artista.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Pa la Trini

Trini, necesito pedirte un favor. Como ya sabes, últimamente tengo bastante migraña. He pedido hora con el neurólogo y me la han dado para junio del año próximo. Tengo la migraña ahora, así que, mientras tanto, quería pedirte consejo. Dieta, alcohol, tabaco etc., en fin, si tienes información al respecto y me la puedes trasladar te quedaría muy agradecido.
A cambio, te adjunto una canción muy especial, una canción que Aute escribió, a modo de homenaje, a los últimos ejecutados por el franquismo.
El amor y la muerte, las dos caras de la moneda de la vida, magistralmente expresadas. Recuerdo perfectamente aquel dos marzo, recién cumplidos los diecisiete, en que asesinaron a Salvador; aquel día me hice adulto del todo. Ahora, creo que fue demasiado pronto, algo que pagué de sobra unos años más tarde.
Ya que estoy puesto, quisiera contarte niña como es la cosa… Según cuentan mis amig@s, tengo algo de Bukowsky, Burrouhgs, Sabina (un ligero toque canalla ochentero) y, sobre todo, de Kerouac.
Si bien la combinación literaria es, a mi gusto, inmejorable, quizá no lo sea tanto para la vida. No soy capaz de separarlas, llevan trenzadas muchos años; así ha de ser, y así será, y qué sea lo que dios quiera. Hacer otra cosa sería una falsificación que, seguramente, me privaría de escribir.
¿Arte u oficio? Quisiera ser lo primero.
Cuentan que la creación es el resultado de una carencia. Si esta afirmación está en lo cierto, cosa de la que estoy convencido, escribiré hasta el fin, contra más duela más escribiré, aunque las musas no colaboren ni pizca (allá ellas).
Ahora, que casi me conoces o puedes intuirme, te confesaré que soy un encanto de hombre casi todo el tiempo (por desgracia mis abuelas fallecieron hace siglos), no te dejes engañar por bravatas de gallo de corral, que, como ya sabes, también las tengo; entonces, tiro poco, pero a matar. Es mi sombra, y, a la manera budista durante la ceremonia del té, tengo que darle de comer de vez en cuando para que no se me subleve la condenada.
Aprovechando que no tengo ganas de dejarlo quisiera pedirte, a ti, que también eres mujer, consejo en un tema ultradelicado:
Verás Trini: Hace poco tuve un malentendido dialéctico con una guapa tocaya tuya, una tal Labajos. En resumen: ella se puso brava y yo gallito. Solo fue un malentendido y, aparentemente, todo está olvidado, pero me temo que le ha quedado mal sabor de boca, y quisiera tener un beau geste, que, a modo de elixir dental, se lo quitara.
Desgraciadamente, la idiosincrasia de las nativas de la provincia de Málaga se me escapa, solo he conocido más o menos bien a tres personas oriundas del lugar. Dos tenían muy malafolla y la otra era cojonuda. Tener una muestra tan poco representativa es como no tener nada, y no quiero arriesgarme a cagarla de nuevo. Tú eres de allí, por eso te pregunto: ¿Qué sería mejor? Yo había pensado en algún poema o cuento; porque, con el mal rollo que pilló, mandarle una motosierra podría ser el fin de los parques naturales de la zona. ¿Un cuento sobre el enano maricón que tocaba la guitarra? ¿El del viejo cojitranco y taciturno que, cuando aparece por el bar, nos mira y grita que cuidado con él; que ha sido espía y nos buscaremos una ruina? ¿O el de Julito, que se quedó colgado en segundo de matemáticas buscando la fórmula magistral que iba a arreglar el mundo?
Así estoy Trini, que no vivo venga a darle vueltas. ¿A ti qué te parece? ¿Quizá un poema bonito y con algo de morbo? ¿Una estampa barcelonesa? Una bombona de butano, al precio que se ha puesto, tampoco estaría mal. El cuento erótico me tienta, pero ahí me la juego a doble o nada. En ese terreno la experiencia me dice que o triunfas o te parten la boca; y sin embargo me gusta el riesgo. Luego, pienso que quizá ni se moleste en leerlo. Lo imprimirá, lo pasará por el triturador de documentos y, entre carcajadas, le pegará fuego con gasolina sin plomo, para después arrojar las cenizas en cualquier profunda sima de la sierra malagueña durante una de sus excursiones. ¿Crónica social? Ahí podría contarle la que hay liada en Hospital del Valle Hebrón, pero no viene al caso y pensaría que voy de listo.
¿Qué hago Trini? ¿Me la desnudo en una habitación de tonos cálidos y suaves, le doy un látigo y le pido que me sacuda? No vivo Trini, estoy que ni como ni duermo, globo p´arriba, globo p´abajo. ¿Paso de todo y que le den morcilla malagueña? Por mi madre que no vivo, no vivo.
En su último correo me mandó una espada de samurai escaneada, así que me temo lo peor… Es capaz de enviar a un experto en lucha oriental para que me explique detenidamente cómo las gastan las mujeres de tu tierra. ¿Crees que debería de ausentarme de mi domicilio habitual por un tiempo o pasar a la clandestinidad más absoluta? ¿Me estoy poniendo paranoico? ¿Existirá algún método infalible para aplacar las iras de las mujeres de tu tierra? ¡Qué marrón Trini, qué marrón!
Ni que decir tiene que tu colaboración sería inestimable para este espíritu atormentado, que, sin rubor, te ruega, qué digo te ruega, te suplica, lo ilumines en el difícil arte de comprender el alma de las malagueñas.


Un beso, y, de antemano, las gracias.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Orillas

Para mis ojos furtivos
la orilla más alejada,
noche de la mar amarga
por qué no traes hasta aquí
su rostro por las mañanas.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Noni


Verte Noni
recorrerte a oscuras
arrinconarte contra una pared
despojarte de todo
sentirte temblar
en un olvidado callejón
(de tu ciudad o la mía)
despeinarte entre las sombras
mientras te apartas las bragas
a toda prisa
polvo de callejón y otoño.
Y tus ojos, antes serenos,
queman y aman,
tus ojos Noni ¡tus ojos!