miércoles, 10 de febrero de 2010

7 horas con Enric Marco

Fue por medio de Juanito Piquete que conocí a Enric.
Juanito tenía un proyecto para un programa de radio. "Voces libertarias" llevaría por titulo, y consistía, básicamente, en entrevistas a libertarios que, según su criterio, tenían, o habían tenido, cierta significación dentro de lo que podríamos llamar "ámbitos libertarios".
Se trataba, en conclusión, de ir algo más allá de lo meramente público, y contemplar al personaje desde un prisma que, sin dejar de lado lo público y notorio, nos lo acercase también en el plano más personal.
Acepté. Haría de técnico en las grabaciones, que realizamos en el diminuto, cálido, precario y montaraz, estudio de Radio Bronka. Siete horas de grabación con Enric dieron para mucho...
Enric es un hombre de 88 años, bajito, casi calvo, con gorra de pana gris y bigote de otro tiempo. De ojos observadores, inquietos y astutos, en definitiva, un hombre inteligente, de rostro amable, de gesto y perfil dialogantes.
La impostura de Enric...
Enric, si hubiera vivido en otra época hubiera podido ser un gran actor.
Como narrador es de lo mejor que he oído nunca. Allí, sentado delante de él, oyéndolo desgranar su historia, atrapó toda mi atención.
Miraba hacia los controles de grabación y me dejaba llevar por el tono de sus palabras, que me mecían suavemente mientras contaba su infancia y adolescencia.
Los ojos pletóricos de un contagioso y travieso brillo juvenil, y su tono de voz, en consonancia casi perfecta con lo que contaba en cada instante, se modulaba con gran maestría. En esos momentos, el rostro rejuvenecía y dulcificaba, al compás del niño, del joven que fue.
Sumergido completamente en la historia que contaba, su cuerpo cambiaba, por un instante, mientras hablaba de nuestra guerra civil, su cuerpo se estremeció, y pude sentir el filo frío, cortante y terrible de nuestra revolución y guerra.
Hablando de su paso por el campo de trabajo y, sobre todo, cuando nos cuenta su detención por parte de la GESTAPO, Enric parece encoger, sus ojos se tornan inseguros e inquietos, y, poco a poco, la voz va perdiendo intensidad y matices hasta llegar a un hilo oscuro y tenue, como un lamento.
De verbo ágil y lenguaje preciso y ligero, que, conforme avanza en su historia se vuelve más sólido, firme y decidido.
En ese momento miré a Juanito...
La mirada y el gesto, para Juanito y para mí.
La voz y las palabras... para todos.