lunes, 20 de mayo de 2013

Niebla 4 (fragmento)

-Bueno, ahora somos socios del Lagarto Verde…
-Menuda movida para entrar… ¿Dónde están los garitos llenos de humo y  tías poco recomendables?
-Han pasado a la historia, Andrés; salvo en fiestas clandestinas y algunos conciertos en centros sociales ocupados. Y ni allí es lo que era…
-¿Por qué tanta ventilación? 
-Dicen que han de cumplir una normativa muy estricta, pero estoy convencido de lo hacen para que la gente no se ponga gratis.
¿Los tipos del club te han parecido fiables?
-Bueno…, al principio sí; pero cuando el soplapollas aquél, el bajito de las gafas concha, ha empezado con su rollo ya no lo ha soltado: ¡Cómo mola, tío, cómo mola! ¡Qué guay, tío, qué guay! ¡Lo flipas, tío, lo flipas! 
Si son capaces de aguantar horas y horas a un tipo así es que son unos santos o no se enteran de nada. ¡Qué hijoputa! No puedo quitármelo de la cabeza: ¡Lo flipas, tío, lo flipas! ¡Qué guay, tío, qué guay! 
-Un colgado hiperpelma. Si fuera un poco más listo se podría buscar la vida abriendo cajas de caudales a base de palique.
Menos mal que lo grabé todo. Dos horas… La primera es la que más nos interesa. Están los hechos. Casi toda la segunda son interpretaciones y opiniones personales, que pueden aportar algunos detalles pasados por alto al principio de la entrevista, pero nada más. Lo fundamental está en la primera hora. Cuando el julandrón de las gafas ha empezado con sus: ¡Cómo mola, tío, cómo mola! ¡Lo flipas, tío, lo flipas!..., nos hemos descentrado un poco.
Tengo que pasar por el viejo rascacielos de Urquinaona. He de llevar unos documentos a un amigo de Miquel. ¿Qué haces? ¿Te vienes?
-No. Tengo las niñas en casa de un amigo. Si no voy a buscarlas antes de las diez mi mujer me cortará el cuello.

La tarde del día siguiente, Miquel y Andrés escuchaban atentamente la grabación en el despacho del primero, que hacía las veces de sala de música y lectura desde que vivían juntos. De vez en cuando paraban la grabación, y Miquel tomaba notas apoyándose en los comentarios que Andrés le iba proporcionado a medida que sus recuerdos de la tarde anterior, envueltos en una densa nube canabica, reaparecían poco a poco.
Era un trabajo tedioso, pues a cada pregunta, los encuestados respondían a la vez, atropellándose las voces de unos y otros en un confuso parloteo donde se confundían las respuestas con la música del local. De tanto en tanto, el tono decido de la voz de Raúl acallaba la embrollada cháchara, poniendo algo de orden en el discurso de éstos. Durante unos minutos la cosa iba bien, hasta que, empujados por los efectos de la maría volvían a embalarse de nuevo, mezclando ocurrencias, respuestas y risas contagiosas.
Después de varias horas de oír los: ¡Qué guay, tío, qué guay! del cretino del club, habían desentrañado lo esencial de la historia de los fumetas identificados en el Arco de Triunfo: 
La guardia urbana les entregó a domicilio un documento de las autoridades sanitarias para que se presentaran en la fecha y hora indicadas en el Hospital Clínic.
Un responsable municipal del Control de Epidemias les explicó el motivo de su presencia allí: Al parecer, habían estado expuestos a un virus desconocido, y, aunque durante las pruebas hechas en primera instancia no se encontró nada fuera de lo normal y se creía que el THC les había proporcionado cierta inmunidad, era extremadamente importante que durante unos días se sometiesen a un estudio suplementario para corroborar científicamente este hecho, de lo contrario las autoridades sanitarias los harían responsables del posible contagio a terceros. 
Estarían confinados durante diez o quince días en un entorno controlado. 
Por formar parte del estudio serían remunerados, además de suscribirles una jugosa póliza de seguros por si alguien sufría algún tipo lesión, física o psíquica.
Una vez firmados los documentos correspondientes, y después de asegurar a los que formaban parte del colectivo de afortunados que todavía tenía un empleo, que sus puestos de trabajo no se verían afectados por su ausencia, bajaron al garaje del hospital, subieron a una furgoneta cerrada y salieron con destino desconocido.