lunes, 9 de mayo de 2016

Un retrato oscuro 1 (fragmento de J. de mono)


Matías despertó bruscamente y miró el reloj de la mesita, eran las diez y cuarto, por un instante acarició con los ojos el pelo de Carlota, que asomaba revuelto entre las sábanas, se levantó, se puso una vieja bata de ella y salió de la habitación procurando no hacer ruido. Fue hasta la cocina, puso agua a calentar, echó dos tabletas efervescentes en un vaso con agua y mientras se deshacían hizo una rápida visita al lavabo.
Al regresar se tomó el analgésico, preparó té, y, con la taza en la mano, fue hasta puerta de la calle y salió al prado. El día era claro, el sol brillaba espléndido y pegaba con fuerza en la parte delantera de la casa. Dio unos pasos por el prado admirando el paisaje de Santibáñez…, el cielo inabarcable, la  Sierra de Francia recortando el horizonte, rodeado de cerros, con el río corriendo a sus pies, y la positiva energía de aquella mujer, temperamental y mandona, que le robaba el sueño…; aquel cúmulo de circunstancias hacía que el pequeño pueblo se le antojara irreal y arrebatador.
Se sentó en el banco de madera que había junto a la puerta y encendió un cigarrillo pensando en la tarea que le aguardaba; y dudaba, como le pasaba casi siempre que empezaba un trabajo nuevo. Dio un repaso mental a la documentación de que disponía…, la libreta del padre de ella, eje cardinal de la historia, el sumario conseguido gracias al primo de Jacinto, al que todavía no había tenido tiempo de echar ni un vistazo y sus vivencias y apuntes, cada vez más prolijos y extensos.
Y la fuerza y la ilusión proporcionadas por el compromiso –qué vete a saber adónde lo llevaría– contraído tras la promesa hecha a Carlota abarcándolo todo; y por sus besos, por encima de todo sus besos…
Volvió a recorrer con la mirada el rotundo y bello espectáculo de la sierra, y se sintió insignificante y afortunado; y pensó que si la felicidad y la belleza coexistían, aunque solo fuera fugazmente, en alguna parte de nuestro despiadado y doloroso mundo, en este planeta de odios y venganzas, de muerte y desesperación, donde la sangre de los hombres ha empapado sin cesar la tierra por los siglos de los siglos, a él, después de mil fracasos, por fin le había tocado un pedacito.





jueves, 5 de mayo de 2016

De poesía y otros cuentos (cómplices)

Hay algo que no te he contado:
Hace poco conocí por el face a una chica de Logroño. Vino a Barcelona un fin de semana. Lo pasó en casa. No vio la ciudad, no vio nada de nada; solo mis ojos acechándola, buscándola…
Tengo la sensación de que no es de las que repiten. Y ahora lleno el vacío que dejó intentando cantarla por prolongar su recuerdo. Otra herida que sangra, y creo que no hago bien, pero la escribo, me escribo.
Y al final no se las envío, las guardo en una carpeta y clavadas en la memoria como el día en que nací.
Ayer hablábamos de poesía ¿recuerdas?, y hoy camino tras los ecos de una cadencia, tras una sombra imprevisible, en un mundo donde todos los horizontes se diluyen como el fugaz fotograma de una película.
He decidido, Ámbar, no dárselos nunca, aplastarlos más allá de la conciencia y morir con ellos si es preciso.
Quizá pensarás que debo enviárselos, y quizá tengas razón. Pero ahora, el paisaje a mí alrededor –su paisaje– yace moribundo o galopa como un caballo desbocado, y me da miedo.
Buenos días, me encantó tu irónica despedida. Que usted lo estudie bien; sea lo que sea que estudie.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Un retrato oscuro (fragmento de J. de mono)

A las diez menos cuarto de la mañana el pequeño cuatro por cuatro de Carlota entró en la plaza y paró delante del bar. Matías bajó del vehículo y se metió en el local, habló un par de minutos con Jacinto, salió con una bolsa de plástico que contenía un abultado sobre marrón, se metió rápidamente en el coche y pusieron rumbo a Santibáñez.
Carlota conducía pensativa, tenía por delante un desafío subyugante y sobrecogedor, y dudaba; dudaba del resultado, de si todo acabaría bien, de si afectaría a la relación que mantenía con el hombre al que iba a pintar, de si valía la pena haberse metido en ello, de qué haría después su amante, aquel tipo inquieto y soñador que a veces parecía estar en otra parte y se pasaba la vida persiguiendo palabras y tomando notas a cada momento.
Paró en el arcén, echó para atrás el respaldo del asiento, se dejó caer, metió las manos dentro de la falda, levantó un poco el culo, agitó un instante las caderas y dio un tirón hacia delante con las dos manos a la vez que alzaba las rodillas y se despojó de las bragas, y, tirándoselas a la cara a un boquiabierto Matías, dijo: —Rockanrol, estos días vamos a recordar tiempos sombríos y a follar como si se fuera a acabar el mundo.
— Rockanrol.

martes, 3 de mayo de 2016

Tomando notas 1 (fragmento de J. de mono)

Carlota empleaba su tiempo en supervisar la marcha del hotelito: echarle una ojeada a las cuentas, hablar con proveedores, empleados, clientes, agencias de viajes, etc.  También hizo un sorpresivo viaje a Salamanca, pero no quiso que Matías la acompañara, al parecer iba a visitar a una vieja amiga dueña de una pequeña galería de arte que estaba pasando un mal momento tras otra ruptura sentimental y se quedó a pasar la noche allí. Desde que habían vuelto a Béjar no estaba muy comunicativa ni especialmente cariñosa, sumergida en su trabajo se refugiaba de las tiernas miradas de su amante que, por otro lado, viendo el panorama, acabó por desarrollar una cierta querencia con el bar de Jacinto y pasaba la mayor parte del tiempo entre sus mesas confraternizando con los más  habituales, fumando canutos sentado encima de una bombona de butano en un pequeño rincón a cielo abierto del almacén contiguo a la cocina y tomando apuntes y copas de orujo a mansalva. 
— Pues sí, Jacinto –dijo uno de aquellos días, desvariando-, cuando llegue el momento del retrato oscuro estaré para el arrastre, mi hígado ya no es el que era y estos excesos, si no acabo en urgencias, serán un acto de amor y parte del peaje que nos exige la vida para que el arte suelte la mosca y nos dé alguna de sus cicateras limosnas; pero estoy convencido de que en cuanto vuelva de-ese-viajecito-al-que-no-ha-querido-que-la-acompañara me va a leer la cartilla bien leída; y cuando llegue ese momento, Jacinto, cuando llegue, requeriré del patrocinio y de las habilidades diplomáticas de algún amigo de esa mala mujer, para apaciguar, al menos en parte, su proverbial mala leche bejarana.       

lunes, 2 de mayo de 2016

Esperando

Todas las tardes, cuando llegaba a casa, lo primero que hacía era acercarse hasta el teléfono y descolgar el auricular con la esperanza de que la impersonal voz del contestador le anunciase que tenía un mensaje esperándolo; después colgaba decepcionado y encendía el ordenador, abría el Winamp, seleccionaba un cedé de Amy Winehouse y se ponía una copa con gesto resignado; y en cuanto la voz de Amy se adueñaba del paisaje, se sentaba delante del procesador de textos hasta  medianoche. En las pocas ocasiones que el timbre del teléfono interrumpía su trabajo se levantaba presuroso a atender la llamada, pero al poco volvía a sentarse desencantado… ...

domingo, 24 de abril de 2016

Tomando notas (fragmento de J. mono)

Le gustaba el bar de Jacinto, los parroquianos eran gente recia pero amable, mayoritariamente de la cuarentena para abajo. El “Aquí te espero” tenía fama de ser un bar de radicales, gente que no frecuentaba la iglesia ni la veías en las procesiones. Unos pocos anarquistas entrados en años, marxistas que buscaban la verdad más allá de Lenin, socialistas foragitados por contravenir las politicas liberales de su partido; disidentes, cada uno a su manera, que se habían desligado del asfixiante corsé moral y cultural de la castilla profunda y encartonada. Por allí, sobre todo durante el buen tiempo, se dejaban caer almas reivindicativas e inquietas que habían entregado a la cultura y la creación lo mejor de si mismos y solitarios de toda condición: cantautores de medio pelo, actores sin trabajo, poetas desnortados, poetisas atormentadas y calentonas, ecologistas intransigentes y soñadores, novelistas sin suerte, pintores de mal trazo y peor carácter, cineastas sin película, profesores y profesoras solitarios, punkis que vivían deprisa pero no se habían muerto a tiempo, informáticos que no encajaban en ninguna parte, mucha gente joven, sobre todo los fines de semana, que solía ocupar las mesas de los soportales todas las tardes, y buscavidas de todas las leches que se daban una vuelta por allí de vez en cuando a la caza de primos de paso. En definitiva, un pequeño, contestatario y festivo baluarte de la comarca donde se aglutinaban: la diferencia, la discrepancia, la creación y el extravío.

Cómplices 1

Levanto los ojos de su deshabitado pubis y, entre pechos en flor, atrapo un rostro encendido de placer. Hacía siglos que no contemplabas tanta belleza, me digo. Carnosos labios, boca entreabierta, grandes y rutilantes ojos castaños entornados de gozo y un plácido y sensual ronroneo hondo y quedo…
Casi me echo a reír, saco la lengua, le doy un lametón al clítoris en plan enseguida vuelvo, despego mis labios de los suyos y le digo en tono socarrón: — Pinchas. Los tiempos están cambiando, jamás pensé que le diría algo así a una mujer en estas circunstancias.
— Tú también –responde Ámbar.
— Y tanto. Desde aquí estoy oyendo como te lamentas.
Me parece oír una risita cómplice mientras entierro la cara entre sus piernas…