martes, 3 de mayo de 2016

Tomando notas 1 (fragmento de J. de mono)

Carlota empleaba su tiempo en supervisar la marcha del hotelito: echarle una ojeada a las cuentas, hablar con proveedores, empleados, clientes, agencias de viajes, etc.  También hizo un sorpresivo viaje a Salamanca, pero no quiso que Matías la acompañara, al parecer iba a visitar a una vieja amiga dueña de una pequeña galería de arte que estaba pasando un mal momento tras otra ruptura sentimental y se quedó a pasar la noche allí. Desde que habían vuelto a Béjar no estaba muy comunicativa ni especialmente cariñosa, sumergida en su trabajo se refugiaba de las tiernas miradas de su amante que, por otro lado, viendo el panorama, acabó por desarrollar una cierta querencia con el bar de Jacinto y pasaba la mayor parte del tiempo entre sus mesas confraternizando con los más  habituales, fumando canutos sentado encima de una bombona de butano en un pequeño rincón a cielo abierto del almacén contiguo a la cocina y tomando apuntes y copas de orujo a mansalva. 
— Pues sí, Jacinto –dijo uno de aquellos días, desvariando-, cuando llegue el momento del retrato oscuro estaré para el arrastre, mi hígado ya no es el que era y estos excesos, si no acabo en urgencias, serán un acto de amor y parte del peaje que nos exige la vida para que el arte suelte la mosca y nos dé alguna de sus cicateras limosnas; pero estoy convencido de que en cuanto vuelva de-ese-viajecito-al-que-no-ha-querido-que-la-acompañara me va a leer la cartilla bien leída; y cuando llegue ese momento, Jacinto, cuando llegue, requeriré del patrocinio y de las habilidades diplomáticas de algún amigo de esa mala mujer, para apaciguar, al menos en parte, su proverbial mala leche bejarana.