lunes, 1 de junio de 2009

Mónica

Escuchando tu canción*,
te contemplo de lejos y de cerca.
La mirada, queriendo y sin querer,
te busca, se aleja y te retorna.
Ligera y exultante,
de mis ojos sale y se pierde,
y te encuentra, vuelve,
suspira y se conforma.
Vivo de mirarte, de verte andar atareada.
Y tu pie, pequeño, firme y torneado,
levanta al caminar melodías de pisar airoso y despistado.
Al compás de tu pelo te desplazas,
al ritmo de tus pasos va mi sueño,
y te dibujo sin cesar,
entre reflejos azules, copas y platos.
Atascado en un último capítulo,
donde la imaginación, ha, de momento fracasado,
desde ese rincón, inquieto, acorralado,
el autor te mira y se lamenta, bebe té, tose, fuma y desorienta.
Me cuentas y sonríes, te vuelves y te alejas…,
de pronto, giras brusca la cabeza,
y tu pelo, audaz y poderoso,
de cobrizos brillos que admiro de reojo,
se levanta y vuela en la tormenta.
Furtiva, miras a lo lejos de soslayo,
sin verte lo adivino, lo siento en el rostro y en las manos.
Y puedo, de un golpe azul rápido y certero,
mirarte en lo más hondo, y ver el perfil que temes,
ocultas y soportas, asomando, fugaz e impertinente,
en la sombra añil que lo recorta.
Y tu inconcluso desdén me duele,
y no me importa, pues soy creador y único dueño,
de mis letras y mis sueños.



*Mónica, de Sabina.