martes, 14 de julio de 2009

Haze

Haze. Momentos Haze. Reímos enloquecidos con esa imagen. Haze. Momentos Haze.
¡Si tío! te quedas apalancado en el sofá. Todo está lejos...muy lejos...demasiado lejos. El contenido de la nevera, que ansías desesperadamente, está lejos...muy lejos. La tipa maciza a dos palmos, pero...está lejos...muy lejos...demasiado lejos...
Haze. Momentos Haze. Todo está lejos...más allá...cada vez más lejos.
Y nos chispean los ojos. Un amigo que tengo sentado al lado, me larga, en tres
minutos, un cuelgue desquiciante, del que, a los veinte segundos, ya perdí el hilo muerto de risa. Haze. Momentos Haze.
Nunca hay suficiente hierba, ese es el problema. Nuestra autosuficiencia es limitada, no cubrimos nuestras necesidades. No hay hierba. No tenemos hierba. Mi vaporizador no tiene hierba. No hay suficiente hierba, ese, ese es el problema. Haze. Momentos Haze.
Tengo que reconocer que, los populares, democráticos, como se dice ahora, y de fabricación nacional, mecheros Clíper, son una ayuda inestimable para el sufrido fumeta que, a lo largo de su humeante existencia, se las ha de ver, para alcanzar su fin -quemar una china- con todo tipo de chapuceros artilugios fabricados para tal menester.
Entre ellos, destaca, con todo esplendor, y sin competencia que valga, este popular mechero. Encendedor entrañable por su rendimiento. Su resistencia -relativa- a los recalentamientos, es algo que reconocen todos los miembros del gremio de los sufridos aficionados al cannabis. Haze. Momentos Haze.
Mi único animal, el único animal de compañía del que he sido responsable, mi animal preferido, fue un camaleón gaditano que llevaba por nombre Napoleón. Palmó en unos misteriosos experimentos clínicos, llevados a cabo por el personal de enfermería que, en aquellos momentos, momentos Haze, no pillaba absolutamente nada. Nunca hay bastante hierba. Haze. Momentos Haze.
Los mecheros circulan más rápido que sus poseedores. Haze. Un momento Haze.
Chinos rebozados en salsa agridulce. Clavo unos clavos en la pared.
Napoleón ha muerto, una víctima más de la ciencia. A mis colegas se les ha ido la pinza. Ha palmado después de una sobredosis de coramina que le pusieron tras la intervención, al sufrir una crisis postoperatoria. Porque hubo intervención quirúrgica. Un animal inofensivo y extraordinario. Un amigo, entrañable e inocente, víctima de la estupidez humana. Haze. Momentos Haze.
Nunca hay bastante hierba. No tenemos hierba.
Destellos brillantes delante de los ojos. Pequeñas burbujas transparentes explotan por miles ante un rostro atónito y divertido. Un brusco golpe de humor hace subir la atmósfera a mí alrededor. Es la fiesta. La música suena como nunca. Risas. A veces, hay hierba.
Me cuentan historias. Una mujer salta desde un balcón, se estrella contra el suelo. Explota en la acera, junto a mis pies. Haze. Momentos Haze.
Palabras, muchas palabras, salen de todas partes. Escupo palabras. Un tormentoso aluvión de palabras que no recordaba me atosiga sin remedio. Las escribo. Música y palabras. Haze. Momentos Haze.
Una historia, un cuento. Mujeres, mujeres...muchas mujeres. No hay hierba. Sólo mujeres.
Unas tetas bailan, dando saltitos, delante de mí. Unas bragas atan mis muñecas. Un dedo femenino en el recto. Un poderoso orgasmo compartido. Paz. Una dulce sonrisa, amplifica el efecto de aquellos soñadores ojos femeninos. Haze. Un polvo Haze.
No tenemos suficiente hierba. No hay hierba. Nunca hay bastante hierba.
Las luces de las farolas son brillantes y delgadísimas tiras luminosas que caen del cielo hasta rebotar en el asfalto, para, instantes después, caer sobre mí, como un felino en la noche amazónica.
La fuente espejea caprichosa, se divierte con los cambiantes reflejos de luz que, frustrados al no poder atravesar el ominoso manto de agua, hacen cabriolas en la superficie, jugando con las sombras como niños traviesos. Haze. Momentos Haze.
El brillo de la luna que transpiran unos ojos. Tus ojos guapa, tus ojos...Veo la luna en una mirada femenina, arrebatadora y fugaz que desaparece, trasmuta, en ojos de pasión animal. Los tuyos fiera, los tuyos. Haze. Un recuerdo Haze.
Falta hierba. No hay hierba...un momento Haze.
El jaguar, en la jungla, olisquea desde la rama más baja de un árbol enorme, a tres metros del suelo. Tenso, impecable, a punto de saltar sobre una presa, que
sólo es un punto luminoso en la noche del alto Amazonas. Haze. Momentos Haze.
Ansiedad. Falta de aire. Sensación de peligro. Miedo. Haze. Un problema Haze. Momentos Haze
Un comando de rinocerontes alados atacó, la pasada noche, un puesto avanzado en la frontera. Son la antesala del ejército que viene detrás. Los que nunca retroceden. Son ellos...-grita una voz aterrorizada.
No estamos preparados. Nos barrerán de un plumazo. La próxima luna seremos historia. Nuestra milenaria civilización se extinguirá de golpe, en una noche. Haze. Momentos Haze.
No hay hierba. No tenemos hierba. Nunca hay bastante hierba.
La araña se columpia en una lámpara. Me mira alucinada y ríe histéricamente
mientras comienza a tejer una red de burbujas a mí alrededor.
Un músico teclea desesperadamente su instrumento, un piano sin cuerdas, que mira a su alrededor desesperado. Mala suerte ¡jodéte piano cabrón! Te ha tocado un pianista ful. Haze. Momentos Haze.
La nevera da gritos desesperados al verse saqueada por tres frikis hambrientos. Cuando se despistan, abre rápidamente la puerta y se los traga. La nevera se carcajea flipada después de un largo y sonoro eructo.
La música, tan pronto se arrastra como da saltos, rebotando en las paredes, cada vez más alto, hasta disolverlo todo.
El halcón desaparece del cielo con una presa en las garras.
La lluvia escupe el polvo rojo del volcán a través de mis felinos ojos.
El espantapájaros fallece en mis brazos en una crisis cardiaca sin precedentes en la medicina moderna. A pesar de los esfuerzos sanitarios nada se ha podido hacer por su vida.
Bajando por el río tenemos un accidente, cometemos un error. Los rápidos -hay rápidos- nos atrapan sin remedio. Diez hombres ahogados y cuatro canoas perdidas. La aventura está gafada desde que el cabrón del jorobado se incorporó a la expedición. Lo asesinaré esta noche y arrojaré su cadáver al río. Las pirañas harán el resto.
No hay hierba. No tenemos hierba.
El humo de la sala aparece y desaparece despacio. Entre risas, nos miramos divertidos y traviesos.
Luís, abre la pequeña y redonda cajita de hojalata, saca parte de su ya escaso contenido y me lo entrega. Lo desmenuzo y lío entre lágrimas y risotadas. Haze. Un momento Haze.
Un ejército de ranas asalta nuestra mesa buscando hierba. David, las extermina a zapatazos, salpicándolo todo de ojos de ranas aplastadas, que parecen mirarnos encabronadas.
La televisión explota con gran estruendo, llevándose por delante a los tres idiotas que la miraban hipnotizados.
Muertos de risa hablamos de la Haze, de los momentos Haze, envueltos en una hilaridad contagiosa, cargados, muy cargados.
El humo, distraído, revolotea a nuestro alrededor, parece estancado en nuestra mesa. Es incapaz de expandirse más allá de nosotros.
Un reflejo en un cristal. Un cuento borracho de Haze. Un momento Haze.