martes, 7 de julio de 2009

A Toni

"Últimamente no sé nada de él. No contestó a mis emilios, su sms, que continuaba, a su manera, uno mío, conocedor de mi lírica manía con los sms, fue altamente poético.
Toda una respuesta a un viajero del viento, a un jinete cabalgando luces en la oscuridad, de un vagabundo de la existencia, que navegaba, en aquéllas navideñas fechas, sin rumbo, por ríos de sangre, con un resfriado de cojones, pero con ánimo suficiente para anudar, con gran belleza, palabras salidas de lo más profundo de si mismo.
Recuerdo, como si fuera ayer, la visita que le hice, estando mi amigo unos días varado en la Fundación Puigvert.
Le llevaba yo un obsequio muy especial, algunos de mis cuentos, simbolizaban una victoria sobre mí mismo. Mi triunfo en el laberinto, y la demostración de que seguiría escribiendo, no ya por sobrevivir, sino por amor a las palabras, a una mujer quizá.
Quería hacerle saber que, fuera cual fuera mi destino, mientras me aguanten los huesos, sonreiría y escribiría..."


La distancia, apreciado colega de achaques y demás vainas sanitarias, en algunas ocasiones, nos permite recordar, apreciar con más eficacia, instantes de alto valor humano, y de trascendente, metafórica calidez.
Andarás probablemente postrado, rodeado, que no asediado, por tu familia, quizá sin ganas de leer o escribir, ora escupiendo al techo, ora largando surtidos vilipendios.
Quiero creerte feliz, a pesar de enfermedades y otras maldiciones vitales. Esta fugaz, breve misiva, desearía cumpliera la útil misión de distraerte, que dejara atrás, al menos por unos minutos, todo el cúmulo de mamoneos que la existencia, con su proverbial y artera solvencia, ha hecho recaer en tu persona.
Contarte puedo, algunas estrafalarias peripecias que la vida, en rigurosa exclusiva, me ha ido endilgando sin miramientos ni compasión alguna.
Ya sabes de mis múltiples disfunciones biológicas, compañero de sinsabores sanitarios. Victima fui, igual que tú, de despistes y errores hospitalarios, que los trabajadores de esta humana actividad reparten como a voleo entre los desdichados que caen en sus manos todos los días.
Tú y yo, si a esas vamos, somos tipos duros, hemos aguantado estoicamente despistes y errores de cálculo, a pie derecho, y, casi siempre, con una sonrisa. Ambos sabemos, que muy pocos elementos de la horda sanitaria que nos trata habrían aguantado la mitad que tú y yo. Que les den muy mucho por el culo a todos, apreciado colega de infortunio.
Yo, convaleciente amigo, lo llevo con todo el garbo y alegría de los que soy capaz. Después de mucho tiempo, he conseguido reducir las visitas al galeno a dos anuales. Me he quedado con mis vicios reducidos a su más ínfima expresión, apenas unos porritos por las tardes y mis sempiternos cigarrillos, a los que también se la tengo jurada, y de los que, de momento, no consigo alejarme.
Rodeado de musas -casi siempre inalcanzables-, como es de rigor para un poeta que se precie. Dando recitales, leyendo cuentos y poemas, algo, k me produce una honda satisfacción, esperando -como casi siempre- el brillo fugaz de una mirada que nunca llega, como una resabiada rapaz que, desde la altura de sus años, se lo mira casi todo con sorna y, porque no decirlo, con un poco de sabiduría y buen humor.
Ando escribiendo bajo mínimos, pero recitando mucho. Una amiga me comentaba, a propósito de mis versos, que estos supuraban desamor. Doy por supuesto, que sabes, al igual que yo, que dicho sentimiento es de los ke más cunden poéticamente hablando. Algo descarados y divertidos son, según mi peculiar, pero, a pesar de todo, lúcido criterio.
Son los versos los que lo atrapan a uno, y no al revés, como presupone mucha gente. Mi segundo poemario llevará por título: “Traficante de palabras”, una ironía del destino, o mía, vete a saber, porque, como tú no ignoras, a uno le ha tocado hacer de todo en la vida.
Contarte también, que Doctor Krespo y las Vampiras -el conocido grupo de rock sanitario- ha dejado la carretera y el rock´n´roll. Fui, creo, el único que presenció su concierto postrero.
Puedo asimismo asegurarte, que la consulta psiquiátrica ya no existe, y los jodidos majarones radiofónicos han desaparecido de las ondas hertzianas y, por supuesto, de mi vida. Por ahí, de cuando en cuando, me los tropiezo, con sus torcidas y negras almas a cuestas. Sólo son, a mis ojos, viejos y encartonados fantasmas a los que asesiné con toda alevosía. Ahora vagan sin rumbo, sin tener donde caerse muertos. Un múltiple y metafórico crimen del que me siento orgulloso.
Hoy 1º de mayo, con la ciudad apagada y gris, veo llover mientras escribo.
Desearía, esta primaveral mañana, húmeda y cenicienta, saber de tus andanzas y tribulaciones. Si estás regular o simplemente mal. En qué ocupas tu inquieta y fértil mollera.
Yo, ya ves, no tengo a quién darle la vara, por lo tanto, escribo, me lo invento sobre la marcha -teclear es caminar-, para después, con toda alevosía, remitirlo, hacerlo rular, entre amig@s, compañer@s y musas. Es una manera como otra cualquiera de asimilar a mi puñetera sombra, procurando, además, que éstos, a su vez, se vayan acostumbrando a leer algo.
Mis fantasmas desaparecieron como vinieron, poco a poco, y al descuido, de ellos, queda una fértil sombra, lo escrito y, por supuesto, lo por escribir. Ocupa ¡por fin! el lugar que debe, en segundo plano, ayudándome a contar cuentos. Ya tiene su espacio en mi vida, y yo, ¡mierda! ¡ya era hora!, me siento completo.
No kisiera despedirme de ti sin rogarte encarecidamente que me hagas saber algo de tus vicisitudes, sanitarias o no.
Yo, como habrás podido notar, utilizo todo lo que tengo a mano para mis pequeñas historias, mis poemas multimedia, a mis congéneres, sean amigos, enemigos, sombras, musas, tont@s del culo, mis montañas, mis lunas de marinero, unas bragas viejas...
No está lejano el día en que cogeré los textos y me meteré en el estudio para grabarlos en audio, y así, después, poder lanzarlos al aire de mi querida ciudad. Mis cuentos navegarán entonces por el tiempo y el espacio, para posarse distraídamente en algún oído receptivo.
Esa, apreciado amigo, será mi victoria sobre la caterva de atontados y gilipollas que merodearon a mí alrededor, y que trataron, con todos los medios a su alcance, de amargarme la existencia.
Por lo demás, sigo tratando de bucear almas femeninas, y no dejo nunca de sorprenderme cuando me miro en esos espejos de mi existencia.

Cordialmente: Leo Miller.

PD: El numen de mi, por ahora, escasa obra, sigue inalcanzable y ausente. Detrás del espejo de su vida, esperando un milagro, buscando a su alrededor, sin saber todavía que lo que realmente busca está esperándola en el fondo de su ser.