lunes, 13 de julio de 2009

La canción

Quien conoce a los demás es inteligente.
Quien se conoce a sí mismo tiene visión interna.
Quien conquista a los demás tiene fuerza; quien se conquista a sí mismo es realmente poderoso.
Quien sabe cuándo ha obtenido bastante es rico, y quien sigue asiduamente el sendero del Tao es alguien de propósito constante.
Quien permanece en el lugar en el que ha encontrado su verdadera casa vive mucho tiempo, y quien muere, pero no perece, goza de la auténtica longevidad.

Tao Te King. Lao Tse.



Te busco en una canción, en una esquina, en un rincón. En el lavabo me ha parecido verte, pero no eras tú, era mi sombra en el espejo, que, como ya debes suponer, tiene allí su lugar preferido, su hábitat más preciado.
Largas y terribles pueden ser las noches, tú lo sabes, y la soledad, en ocasiones, puede ser un caos, otras veces, en cambio, una bendición.
Cuento las horas, como un niño que espera el próximo domingo, y lo ve lejano, casi inalcanzable. Un domingo en el parque de atracciones de tu cuerpo. Ese domingo que, recuerdo pasé, hace muchos años, en el parque de atracciones del Tibidabo.
Miraba desde lo alto hacia el mar, hacia la inmensidad.
Entonces, mi padre, me decía: “En los días claros, desde aquí puedes ver Mallorca”, y yo, lo miraba con devoción y le preguntaba por el mar.
El próximo verano te enseñaré a nadar, me dijo.
Y, continuó: Teme sus tempestades, porque el mar es como una mujer, que escucha, que perdona pero no olvida. Tenle respeto y te respetará. No lo puedes desafiar, es más fuerte que tú y acabará por atraparte.
Aprenderás a moverte por el con confianza, y quizá, algún día, dentro de muchos años, cuando yo ya no esté, sabrás lo que es para ti el mar.
Llevo el mar hasta en los huesos. Allí van mis ojos cuando se pierden. Mis lágrimas desembocan allí. Mis sueños, los sueño allí, o en la luna de los ojos de una mujer, que reverberan, como la luna riela en el mar, con un brillo plateado y cambiante, jugando con la oscuridad, como yo juego con mi sombra en el espejo.
Huelo a gachí de Poble Nou, serán las sábanas, o puede que sea la memoria.
Y te busco en una canción. Cerca del mar.
Te pinto, te dibujo como un niño que juega en la arena de una playa mediterránea, para después borrarte, y volverte a recrear de otra manera, con otro gesto, otra luz en la mirada.
Descubro tus curvas, tus sonrisas, mientras me miras medio dormida y, juguetona como una gata, ronroneas, finges dormir, pero te estremeces cuando te recorro curioso, como un niño en una playa desconocida.
Y te busco en el mar de mi mirada. En la playa de mis sueños, rodeado de palmeras, te huelo, te presiento mientras nado despacio por tu perfumada piel, por el mar.
Escondido tras unas cañas, espero verte llegar a la playa de mis sueños, desnuda, como el mar.
Te coloreo las mejillas a base de caricias soñadas. Mis dedos, como inquietos pinceles, se pasean por la tela de tu cuerpo, te sueñan, te envuelven. Retozan en la arena, en el desierto de tu piel.
Borracho de marihuana y ron te navego en la tormenta, en el mar de mi pasión. Me sumerjo en la espuma de tu sexo, que me deja en el paladar el soñado sabor de un mar lejano.
Tras las cañas te escribo, me escribo, te recorro, te borro, juego con tu cuerpo.
El jaguar, la sombra ancestral en el espejo de mi vida, te observa curioso. Receloso, afila sus garras contra un árbol mientras te acecha en mis selváticos sueños.
Y te navego en un velero de palabras, escritas entre olas, junto al mar.
Y la tormenta esperada llega. La gran tormenta que lo destruye todo, arrasa los sueños. Los pinceles tiemblan, borrando un cuerpo, una mirada.
El jaguar abandona el acecho, desaparece como una sombra, se pierde en la selva.
Y se oye la banda sonora de “Ruido de fondo” mientras le doy matarile a estas líneas. ¡Qué desilusión! de Leño, suena y se amplifica, llenándolo todo, rebotando en las paredes hasta perderse...
Te encontré, te encontré en la canción que debía, pero no quería buscar.
La sonrisa se adueña de un rostro de superviviente que mira al mar, a la luna, que parpadea entre nubes, fugaz como una mirada furtiva.
Todo canta en mi montaña, hasta el silencio.