Después de tres semanas sin noticias, Estrella, me han llegado dos cartas más de la selva. Dos larguísimas cartas, por cierto.
El nivel de las aguas ha bajado ligeramente, dejando tras de si inmensos barrizales y cuatro casos de malaria que han tenido que ser evacuados en helicóptero (la pista de aterrizaje continua hecha un barrizal impracticable para los aviones).
La época de celo del babuino no durará mucho más. Los tipos del laboratorio trabajan a destajo. A los babuinos, después de pasar la cuarentena, se les hacen análisis de sangre. A los que son declarados no aptos se les suelta inmediatamente, al resto se les extrae el semen con el que después se insemina a las hembras. Luego, en una sencilla y casi indolora maniobra, se les extirpan los testículos, que, al igual que el semen, se congelan de inmediato. Cada dos días, si la lluvia no lo impide, un helicóptero trae suministros y se lleva las muestras a Manaos.
El médico, tan pronto está dicharachero y risueño como se sumerge durante días en solitarias cavilaciones, que lo hacen pasear constantemente murmurando un incomprensible soliloquio.
Mi amigo, en cambio, cuando su labor se lo permite, lo escribe casi todo,
como indica el siguiente fragmento de una de las sesiones de psicoterapia que forma parte del tratamiento en el que lo ha embarcado el doctor Santamaría:
Amigo mío, es usted la primera persona que conozco que ha sobrevivido al curare de los Pai Pai. Conservó la calma el tiempo suficiente para inyectarse la atropina. Ha corrido la voz por el campamento, y estoy convencido de que los Pai Pai que los atacaron deben considerarlo un ser de otro mundo.
Por estos parajes no se adentran muchos occidentales que digamos. Si descontamos los gilipollas de los documentales que suelen estar el tiempo justo para sacar unas imágenes idílicas que luego se puedan vender bien, se podrían agrupar en cuatro categorías: Los científicos, los aventureros, los parias y los lunáticos.
Yo, en gran medida pertenezco a la primera, pero si incluimos a los místicos en la categoría de los lunáticos también debo pertenecer, aunque en menor proporción, a esta categoría.
¿A cuál se vincula usted?
-Pues no sabría decirle
, quizá tenga un poco de cada una de las tres últimas, pero tampoco es que lo tenga claro
-¿Por qué vino usted?
-Creo que por la pasta.
-Dinero se puede ganar en casi todas partes. Le repito: ¿por qué vino?
-Quería dejar cosas atrás, olvidar a alguien, emborracharme de la exhuberancia y crudeza de este lugar, admirar la belleza incomparable de la naturaleza, en fin, para mí, el aspecto estético también cuenta. Supongo que la oportunidad también, conozco a un tipo que trabaja en la empresa farmacéutica que hace los ensayos.
-Vaya. Un romántico.
Los que buscan y los que huyen hacen lo mismo, porque son lo mismo. Gente inquieta y difícil de contentar con grandes miedos o pasiones que los persiguen toda la vida. Que suspiran por lo que perdieron, pero incapaces de conservar lo que han conseguido.
Cuando vea que empiezo ha irme por la tangente déme un toque, no se corte.
Verá, en mi caso, podemos decir que he conseguido aunar estas dos facetas mías, aparentemente contradictorias, en el trabajo que me retiene aquí largas temporadas, y como usted, la pasta que gano me permite seguir adelante con mis estudios etnóbotanicos. Sin asomo de pedantería, le puedo decir que, por estudios y tradición, soy un experto en la flora medicinal de esta parte del mundo. Ya ve, yo también busco.
¿No habrá venido buscando el colocón definitivo?
-No. Al menos, no conscientemente.
-La vida nos va dejando heridas en el alma.
-¿Es usted poeta?
-Todos tenemos sueños inalcanzables, así que podría decirse que todos lo somos.
-¿En condicional?
-No me maree con sutilezas lingüísticas. Aquí el que pregunta soy yo. Intento ayudarle, recuerda.
¿De verdad lo piensa escribir todo?
-Desde luego.
-En fin, si le es de alguna utilidad. Pero no le arriendo la ganancia, menudo curro. Es el primer paciente que tengo que toma notas de las sesiones. Ya me las pasará. Probablemente contendrán información relevante.
¿Sigue teniendo pesadillas?
-Sí, pero menos frecuentes. La imagen de la bota del portugués entre las fauces del caimán con el agua hirviendo a su alrededor es algo que no olvidaré nunca.
-Debió ocultarse en el fondo de la canoa. Era más seguro que saltar al agua. Fue su decisión, no la de usted
¿Acaso se siente responsable?
Le recuerdo que usted reaccionó rápido y bien. Por eso está aquí. No tuvo oportunidad de ayudarlo. Así es la vida en todas partes, solo que aquí estos aspectos de la existencia se hacen más evidentes. La vitalidad y la fragilidad de la vida, aquí donde estamos, son moneda de cambio habitual. Lo vemos todos los días. Aunque solemos soslayar que nosotros también formamos parte de ese esquema.
Sus pesadillas son el mundo de los Pai Pai. Son el hogar de los indígenas. La selva les da cobijo, alimento, medicina y una visión del mundo. Cuando ande por ahí debe sentirse uno más de ese mundo. Sienta la selva. Eso no le va a garantizar nada, pero se sentirá mejor
El próximo día sería conveniente tener una sesión de hipnosis ¿Qué le parece?
Algunos días sale con el doctor, surcan remando el pantanal en una pequeña piragua indígena, de fácil gobierno en aquél laberinto; donde la pericia y el conocimiento del terreno que demuestra su mentor, hacen, de una ruta imposible, una grata y fructífera experiencia. A veces bajan de la piragua para recoger alguna planta, y el doctor le habla de su morfología, de su habitat, y, sobre todo, de sus propiedades, ya sean farmacológicas o nutricionales.
En fin, Estrella, afortunadamente, poco a poco mi amigo va recuperando el sosiego perdido en las orillas del turbulento Japurá.
martes, 27 de agosto de 2013
domingo, 25 de agosto de 2013
Llegan las lluvias
Tras varias semanas de silencio, ayer, Estrella, recibí dos cartas juntas desde Manaos.
Ya han llegado las lluvias, y el Japurá se ha desbordado, las múltiples bocas del río, que forman un intrincado delta en la frontera colombiana, han dado paso a un pantanal de cientos de kilómetros cuadrados que se extiende alrededor del pequeño altiplano del campamento.
El lodo y los intensos chaparrones le han complicado el trabajo, pero no hay mal que por bien no venga, ya que no le dejan tiempo para pensar en el horrible destino del portugués.
Solo bajan de la canoa cuando se aproximan a una de las trampas. Con el agua hasta la cintura, sacan de la trampa al animal, lo meten en una de las jaulas y vuelven a montar la trampa uno metros más allá. Es un trabajo peligroso y agotador. Hay que estar atento cuando se salta al agua, puede haber caimanes. Están por todas partes. Se dan un festín en la estación de las lluvias con los animales que se han ahogado sorprendidos por la inundación.
Se turnan al timón mientras se quitan las sanguijuelas quemándolas con un cigarrillo; y huele a muerto, a selva y a repelente para mosquitos.
Flotando, desciende por el río una mula hinchada por la descomposición. Es la que perdieron la semana pasada cuando los sorprendió la tormenta junto a un regato insignificante al pie de una pequeña colina. Cuando quisieron darse cuenta el inocente regato se había llevado la mula a tomar por culo. Cuatro gallinazos posados encima de su cadáver, disputan ahora por comerse sus partes más blandas.
A pesar del potente motor de la canoa, es imposible cruzar el caudal principal del Japurá. El río arrastra multitud de árboles y maleza a una velocidad de vértigo, por lo que sus salidas se han tenido que limitar al área inundada de la margen derecha del río.
Todos los días, al caer la tarde, una lluvia torrencial se apodera de su mundo. La espesa cortina de agua ahoga la banda sonora de la selva y se adueña del paisaje, y el río se alborota y llena de bravura; es el momento de dejarlo hasta la mañana siguiente.
Me desperté temblando y muerto de frío. Alguien llega y me toma la temperatura. No estoy en mi litera. Una habitación blanca con cuatro camas.
El tipo de la cama de enfrente delira. ¡Mierda! La fiebre de los pantanos.
-Veo que por fin ha despertado. Lleva varios días delirando. Anteayer creí que se nos iba , se puso usted verde oliva; pero entonces me dije: ¡Por mis cojones! ¡Aquí no se le muere nadie a Eliades Santamaría! Le hice tomar una poción de ayahuasca..., y aquí está de nuevo. Cuente, cuente ¿Cómo le fue la purga? ¿Quién es la muchacha, la morenita de bote, como usted la llama?
Los ojos enrojecidos y abiertos como platos, y la mirada inquieta y obsesiva de un neurótico; me dije al ver la jeta del médico justo antes de perder el sentido.
Estrella, seguramente te preguntarás qué clase de médico se apunta a trabajar en un agujero inmundo de una selva remota. Sin duda uno muy especial. Hacer lo que hace en aquella puñetera selva es lo que, me parece, da sentido a su vida.
Pero ha sido una suerte para el julandrón de mi amigo. El Dr. Santamaría estudió en Barcelona. Hizo la residencia en el hospital del Valle Hebrón, donde había oído hablar de mi amigo a raíz de que éste fue víctima de un raro efecto secundario durante un largo y peligroso tratamiento médico que coincidió en el tiempo con su residencia.
En fin, han hecho buenas migas, y el doctor se puso pesado con el director de la estación hasta conseguir que mi amigo fuera destinado a la enfermería (al enfermero anterior le dio un yuyu semanas atrás. Salió corriendo dando gritos del campamento y desde entonces está desaparecido).
¿Qué probabilidades hay de que dos personas de mundos tan diferentes, años más tarde vuelvan a encontrarse y reconocerse en un lugar como aquél? Remotas, muy remotas; y sin embargo ha sucedido. Lo que me lleva a pensar en lo inescrutable de la vida y el destino, Estrella.
Ya han llegado las lluvias, y el Japurá se ha desbordado, las múltiples bocas del río, que forman un intrincado delta en la frontera colombiana, han dado paso a un pantanal de cientos de kilómetros cuadrados que se extiende alrededor del pequeño altiplano del campamento.
El lodo y los intensos chaparrones le han complicado el trabajo, pero no hay mal que por bien no venga, ya que no le dejan tiempo para pensar en el horrible destino del portugués.
Solo bajan de la canoa cuando se aproximan a una de las trampas. Con el agua hasta la cintura, sacan de la trampa al animal, lo meten en una de las jaulas y vuelven a montar la trampa uno metros más allá. Es un trabajo peligroso y agotador. Hay que estar atento cuando se salta al agua, puede haber caimanes. Están por todas partes. Se dan un festín en la estación de las lluvias con los animales que se han ahogado sorprendidos por la inundación.
Se turnan al timón mientras se quitan las sanguijuelas quemándolas con un cigarrillo; y huele a muerto, a selva y a repelente para mosquitos.
Flotando, desciende por el río una mula hinchada por la descomposición. Es la que perdieron la semana pasada cuando los sorprendió la tormenta junto a un regato insignificante al pie de una pequeña colina. Cuando quisieron darse cuenta el inocente regato se había llevado la mula a tomar por culo. Cuatro gallinazos posados encima de su cadáver, disputan ahora por comerse sus partes más blandas.
A pesar del potente motor de la canoa, es imposible cruzar el caudal principal del Japurá. El río arrastra multitud de árboles y maleza a una velocidad de vértigo, por lo que sus salidas se han tenido que limitar al área inundada de la margen derecha del río.
Todos los días, al caer la tarde, una lluvia torrencial se apodera de su mundo. La espesa cortina de agua ahoga la banda sonora de la selva y se adueña del paisaje, y el río se alborota y llena de bravura; es el momento de dejarlo hasta la mañana siguiente.
Me desperté temblando y muerto de frío. Alguien llega y me toma la temperatura. No estoy en mi litera. Una habitación blanca con cuatro camas.
El tipo de la cama de enfrente delira. ¡Mierda! La fiebre de los pantanos.
-Veo que por fin ha despertado. Lleva varios días delirando. Anteayer creí que se nos iba , se puso usted verde oliva; pero entonces me dije: ¡Por mis cojones! ¡Aquí no se le muere nadie a Eliades Santamaría! Le hice tomar una poción de ayahuasca..., y aquí está de nuevo. Cuente, cuente ¿Cómo le fue la purga? ¿Quién es la muchacha, la morenita de bote, como usted la llama?
Los ojos enrojecidos y abiertos como platos, y la mirada inquieta y obsesiva de un neurótico; me dije al ver la jeta del médico justo antes de perder el sentido.
Estrella, seguramente te preguntarás qué clase de médico se apunta a trabajar en un agujero inmundo de una selva remota. Sin duda uno muy especial. Hacer lo que hace en aquella puñetera selva es lo que, me parece, da sentido a su vida.
Pero ha sido una suerte para el julandrón de mi amigo. El Dr. Santamaría estudió en Barcelona. Hizo la residencia en el hospital del Valle Hebrón, donde había oído hablar de mi amigo a raíz de que éste fue víctima de un raro efecto secundario durante un largo y peligroso tratamiento médico que coincidió en el tiempo con su residencia.
En fin, han hecho buenas migas, y el doctor se puso pesado con el director de la estación hasta conseguir que mi amigo fuera destinado a la enfermería (al enfermero anterior le dio un yuyu semanas atrás. Salió corriendo dando gritos del campamento y desde entonces está desaparecido).
¿Qué probabilidades hay de que dos personas de mundos tan diferentes, años más tarde vuelvan a encontrarse y reconocerse en un lugar como aquél? Remotas, muy remotas; y sin embargo ha sucedido. Lo que me lleva a pensar en lo inescrutable de la vida y el destino, Estrella.
jueves, 15 de agosto de 2013
Infierno verde
Como te decía en mi anterior carta, mi colega se ha pirado a la selva. Así que me encuentro ligeramente melancólico y francamente decepcionado de mí, del mundo o de la vida ¡vete a saber!
El único aliciente que suele tener la semana, es la carta que me llega cada viernes. Está sellada en Manaos. El sello es un flipe: Hay un mono subido a una palmera comiéndose un plátano mientras a sus pies discurre un río tumultuoso. En él de la carta anterior era un caimán el protagonista, y la precedente llevaba uno de pirañas nadando en un meandro. Todo un derroche de imaginación por parte del servicio de correos.
Ni que decir tiene, que el espíritu festivo y bullanguero que tenía en las semanas previas a su partida ha desaparecido por completo. El muy primo se siente atrapado, y sus ideas románticas y aventureras sobre la naturaleza salvaje, por no hablar de la de los duros y robustos trotamundos que recorren sus más profundos senderos, se han disipado entre el calor, la bruma; y el desasosiego continuo que le produce la tribu de los Pai Pai.
Para muestra bien vale un botón:
Sí tío, sí. Todas las tardes, después de cruzar el río, mientras cargamos en las mulas las jaulas con los monos que hemos capturado; y la noche comienza a enseñarnos sus garras, los presiento. Están ahí, entre la maleza. Siento sus ojos clavados en la nuca. Un escalofrío me recorre el cuerpo, y, por un instante, dejo de oír los desesperados chillidos de los monos enjaulados que tanto inquietan a las mulas.
Uno no se da cuenta del daño que hacen los idílicos documentales sobre la selva y la vida salvaje hasta que, como el julai de mi amigo, se lanzan a la aventura teniendo como principal referencia ese tipo de documentos, donde se soslayan o minimizan los riesgos inherentes a toda naturaleza exuberante y salvaje.
Fue Joseph Conrad uno de los primeros aventureros que, en su novela El corazón de las tinieblas, dio cuenta de los trastornos psíquicos que suelen padecer algunos occidentales a causa de una larga exposición al implacable sol de los trópicos. La tarumba del equinoccio, así la llamaban los conquistadores españoles que exploraron el río Amazonas buscando una quimérica ciudad de oro, como nos cuenta Ramón J. Sender en su novela La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.
La Estación nº 5, próxima a la frontera colombiana, cerca de una de la innumerables cascadas de uno de los muchos afluentes del río Japurá, es la estación más remota y peligrosa de la Compañía; y está considerada la más rica en el recurso que explotan.
La Estación, como él la llama, es una explanada de casi tres hectáreas junto al hangar de una pista de aterrizaje. Una alta empalizada, rematada por una valla metálica, rodea todo el perímetro; y en medio, la torre de vigilancia y comunicaciones, que también hace las veces de torre de control para facilitar en aterrizaje de los aviones.
Mucho me temo, Estrella, que mi amigo, visto el ánimo decreciente que va mostrando en sus cartas, acabe por sucumbir psíquicamente en aquel infierno verde. Doce horas de selva diarias de lunes a sábado pueden acabar con cualquiera. Los jaguares, los caimanes, los mosquitos, las pirañas y los constantes chillidos de los monos; o los abruptos silencios, que no suelen auspiciar nada bueno, pueden hacerte polvo los nervios.
Por no hablar de los Pai Pai y su proverbial puntería, que acechan desde las orillas con sus temidas cerbatanas. Sin duda, son los indígenas los que lo tienen sobrecogido, pues en su última carta, me cuenta cómo salió ileso de una emboscada:
Acabábamos de llegar a la orilla, donde nos esperaba un equipo con las mulas, cuando un enorme griterío procedente de la espesura me heló la sangre en las venas. Me pareció ver que el denso follaje de los alrededores se agitaba, entonces, entre la muralla verde aparecieron las puntas de las cerbatanas. Salté rápidamente de la canoa y busqué refugio entre las mulas. No me dio tiempo a llegar hasta ellas. Un picotazo en el hombro me hizo caer de bruces. Mientras sacaba de su estuche la jeringuilla de atropina (el curare, al paralizar los músculos pectorales, mata por asfixia, así que una inyección a tiempo de este estimulante cardiaco suele salvarte la vida), ví al portugués tirarse al agua.
No pude hacer nada por él, yacía inerme junto a la orilla a la espera de que la atropina hiciera todo su efecto, cuando un caimán cerró sus enormes mandíbulas sobre una de sus piernas y lo arrastro hacía el centro del río.
Una vez pude ponerme en pie, lo oí gritar por última vez mientras el agua hervía alrededor del caimán; lo que indicaba que las pirañas lo estaban devorando vivo
Sus fantasías románticas sobre la selva desaparecieron por completo aquella trágica tarde, desde entonces, va tachando los días en el pequeño almanaque que tiene clavado con chinchetas en la pared que hay junto a su litera.
El único aliciente que suele tener la semana, es la carta que me llega cada viernes. Está sellada en Manaos. El sello es un flipe: Hay un mono subido a una palmera comiéndose un plátano mientras a sus pies discurre un río tumultuoso. En él de la carta anterior era un caimán el protagonista, y la precedente llevaba uno de pirañas nadando en un meandro. Todo un derroche de imaginación por parte del servicio de correos.
Ni que decir tiene, que el espíritu festivo y bullanguero que tenía en las semanas previas a su partida ha desaparecido por completo. El muy primo se siente atrapado, y sus ideas románticas y aventureras sobre la naturaleza salvaje, por no hablar de la de los duros y robustos trotamundos que recorren sus más profundos senderos, se han disipado entre el calor, la bruma; y el desasosiego continuo que le produce la tribu de los Pai Pai.
Para muestra bien vale un botón:
Sí tío, sí. Todas las tardes, después de cruzar el río, mientras cargamos en las mulas las jaulas con los monos que hemos capturado; y la noche comienza a enseñarnos sus garras, los presiento. Están ahí, entre la maleza. Siento sus ojos clavados en la nuca. Un escalofrío me recorre el cuerpo, y, por un instante, dejo de oír los desesperados chillidos de los monos enjaulados que tanto inquietan a las mulas.
Uno no se da cuenta del daño que hacen los idílicos documentales sobre la selva y la vida salvaje hasta que, como el julai de mi amigo, se lanzan a la aventura teniendo como principal referencia ese tipo de documentos, donde se soslayan o minimizan los riesgos inherentes a toda naturaleza exuberante y salvaje.
Fue Joseph Conrad uno de los primeros aventureros que, en su novela El corazón de las tinieblas, dio cuenta de los trastornos psíquicos que suelen padecer algunos occidentales a causa de una larga exposición al implacable sol de los trópicos. La tarumba del equinoccio, así la llamaban los conquistadores españoles que exploraron el río Amazonas buscando una quimérica ciudad de oro, como nos cuenta Ramón J. Sender en su novela La aventura equinoccial de Lope de Aguirre.
La Estación nº 5, próxima a la frontera colombiana, cerca de una de la innumerables cascadas de uno de los muchos afluentes del río Japurá, es la estación más remota y peligrosa de la Compañía; y está considerada la más rica en el recurso que explotan.
La Estación, como él la llama, es una explanada de casi tres hectáreas junto al hangar de una pista de aterrizaje. Una alta empalizada, rematada por una valla metálica, rodea todo el perímetro; y en medio, la torre de vigilancia y comunicaciones, que también hace las veces de torre de control para facilitar en aterrizaje de los aviones.
Mucho me temo, Estrella, que mi amigo, visto el ánimo decreciente que va mostrando en sus cartas, acabe por sucumbir psíquicamente en aquel infierno verde. Doce horas de selva diarias de lunes a sábado pueden acabar con cualquiera. Los jaguares, los caimanes, los mosquitos, las pirañas y los constantes chillidos de los monos; o los abruptos silencios, que no suelen auspiciar nada bueno, pueden hacerte polvo los nervios.
Por no hablar de los Pai Pai y su proverbial puntería, que acechan desde las orillas con sus temidas cerbatanas. Sin duda, son los indígenas los que lo tienen sobrecogido, pues en su última carta, me cuenta cómo salió ileso de una emboscada:
Acabábamos de llegar a la orilla, donde nos esperaba un equipo con las mulas, cuando un enorme griterío procedente de la espesura me heló la sangre en las venas. Me pareció ver que el denso follaje de los alrededores se agitaba, entonces, entre la muralla verde aparecieron las puntas de las cerbatanas. Salté rápidamente de la canoa y busqué refugio entre las mulas. No me dio tiempo a llegar hasta ellas. Un picotazo en el hombro me hizo caer de bruces. Mientras sacaba de su estuche la jeringuilla de atropina (el curare, al paralizar los músculos pectorales, mata por asfixia, así que una inyección a tiempo de este estimulante cardiaco suele salvarte la vida), ví al portugués tirarse al agua.
No pude hacer nada por él, yacía inerme junto a la orilla a la espera de que la atropina hiciera todo su efecto, cuando un caimán cerró sus enormes mandíbulas sobre una de sus piernas y lo arrastro hacía el centro del río.
Una vez pude ponerme en pie, lo oí gritar por última vez mientras el agua hervía alrededor del caimán; lo que indicaba que las pirañas lo estaban devorando vivo
Sus fantasías románticas sobre la selva desaparecieron por completo aquella trágica tarde, desde entonces, va tachando los días en el pequeño almanaque que tiene clavado con chinchetas en la pared que hay junto a su litera.
viernes, 26 de julio de 2013
Uno de indios
Es vergonzoso, han hecho falta dos cervezas y un par de petardos para ser capaz de empezar. El listillo de mi inconsciente ha sacado tu imagen y me la ha puesto delante de las narices.
¿Musa o distracción? Una pregunta a la que le he dado vueltas y más vueltas.
“Tus lindos ojos van y vienen…” con ese verso empezó a gestarse la pregunta…
Ahora mismo ando con lo de Niebla, y de pronto salta tu imagen como empujada por misterioso resorte.
“Uno treinta y sinco…” Como camarera tengo que reconocer que casi siempre te portaste bien, pero…, desde los días que solía pedirte un descafeinado por la mañana, hasta ahora, que Niebla se esconde porque acaba mal; y habéis intercambiado papeles porque es una historia sombría y necesito una pausa y una sonrisa, ha llovido mucho.
¡Qué tiempos aquellos! Cuando un poema podía estar al servicio de dos musas al mismo tiempo. Patricia, al menos, era capaz de valorarlo; y alguno me agradeció como solo una mujer puede hacerlo. Lástima que estaba como una cabra -cuando le daba un chungo era capaz de ponerte los pelos de punta-
Los cuentos de La Estrella y El Vagabundo en realidad los escribió un colega mío. Un tipo romántico que ama la literatura norteamericana del siglo pasado y envidia los relámpagos de lucidez de Poe. Un tipo raro. Es un peligro, le gustas demasiado. No te lo recomiendo.
Hizo de negro para mi, a qué negarlo. Me aproveché de cierta primacía que tengo sobre él para sacarle algo más de treinta páginas y unos cuantos poemas por unos pocos pavos. Lo utilice vilmente, soy un fraude. Es mejor que lo sepas.
El corazón usa las palabras para modular tu ausencia. Te traen a mí. Y te enfundan como una mosquitera ciñe el lecho, donde, al abrigo de miradas indiscretas, te desnudas sin pudor a sabiendas de que solo puedo entrever las curvas de tus perfiles tras los velos del lenguaje y la memoria.
Quizá en agosto me vaya un par de meses. Es posible que me contraten para capar monos en la selva amazónica por cuenta de una compañía farmacéutica. Solo contratan tíos porque, según ellos, hacen el trabajo con más cuidado que las mujeres. Al parecer, el cojón de mono contiene una hormona muy preciada y hay que tratarlo con cuidado. Se congelan recién extirpados y se envían a Europa por avión usando una pista clandestina abandonada por los narcotraficantes de la zona.
El babuino enano del amazonas es venerado por los indígenas del lugar, así que la tribu de los Pai Pai le tiene declarada la guerra a la compañía. Esto convierte el trabajo en ilegal, duro y peligroso, pero bien pagado.
Ahora mismo, estoy lleno de ronchas por culpa de las vacunas que me han puesto. Me han vacunado para enfermedades que ni siquiera sabía que existían.
Por último, quiero decirte que, si palmo por culpa de un dardo envenenado con curare –los cabrones de los Pai Pai son expertos en esa técnica- mi último pensamiento será para ti.
Dispuesta a devorarme al menor descuido, la selva procelosa me espera.
¿Musa o distracción? Una pregunta a la que le he dado vueltas y más vueltas.
“Tus lindos ojos van y vienen…” con ese verso empezó a gestarse la pregunta…
Ahora mismo ando con lo de Niebla, y de pronto salta tu imagen como empujada por misterioso resorte.
“Uno treinta y sinco…” Como camarera tengo que reconocer que casi siempre te portaste bien, pero…, desde los días que solía pedirte un descafeinado por la mañana, hasta ahora, que Niebla se esconde porque acaba mal; y habéis intercambiado papeles porque es una historia sombría y necesito una pausa y una sonrisa, ha llovido mucho.
¡Qué tiempos aquellos! Cuando un poema podía estar al servicio de dos musas al mismo tiempo. Patricia, al menos, era capaz de valorarlo; y alguno me agradeció como solo una mujer puede hacerlo. Lástima que estaba como una cabra -cuando le daba un chungo era capaz de ponerte los pelos de punta-
Los cuentos de La Estrella y El Vagabundo en realidad los escribió un colega mío. Un tipo romántico que ama la literatura norteamericana del siglo pasado y envidia los relámpagos de lucidez de Poe. Un tipo raro. Es un peligro, le gustas demasiado. No te lo recomiendo.
Hizo de negro para mi, a qué negarlo. Me aproveché de cierta primacía que tengo sobre él para sacarle algo más de treinta páginas y unos cuantos poemas por unos pocos pavos. Lo utilice vilmente, soy un fraude. Es mejor que lo sepas.
El corazón usa las palabras para modular tu ausencia. Te traen a mí. Y te enfundan como una mosquitera ciñe el lecho, donde, al abrigo de miradas indiscretas, te desnudas sin pudor a sabiendas de que solo puedo entrever las curvas de tus perfiles tras los velos del lenguaje y la memoria.
Quizá en agosto me vaya un par de meses. Es posible que me contraten para capar monos en la selva amazónica por cuenta de una compañía farmacéutica. Solo contratan tíos porque, según ellos, hacen el trabajo con más cuidado que las mujeres. Al parecer, el cojón de mono contiene una hormona muy preciada y hay que tratarlo con cuidado. Se congelan recién extirpados y se envían a Europa por avión usando una pista clandestina abandonada por los narcotraficantes de la zona.
El babuino enano del amazonas es venerado por los indígenas del lugar, así que la tribu de los Pai Pai le tiene declarada la guerra a la compañía. Esto convierte el trabajo en ilegal, duro y peligroso, pero bien pagado.
Ahora mismo, estoy lleno de ronchas por culpa de las vacunas que me han puesto. Me han vacunado para enfermedades que ni siquiera sabía que existían.
Por último, quiero decirte que, si palmo por culpa de un dardo envenenado con curare –los cabrones de los Pai Pai son expertos en esa técnica- mi último pensamiento será para ti.
Dispuesta a devorarme al menor descuido, la selva procelosa me espera.
domingo, 21 de julio de 2013
Niebla 7 (fragmento)
Tres cartas y un cd cayeron sobre la mesa. Leyó el nombre del destinatario de cada una de ellas, dejó el cd y uno de los sobres dentro de un cajón y abrió el que llevaba su nombre. Apenas dos folios que pasó a leer ávidamente:
Amigo mío:
Como ya debes sospechar El hecho de que sea Inés quien te ha llevado esta carta es una muy mala noticia. He pasado estos últimos días arreglando mis asuntos. No quiero cargar en las espaldas de Inés el doloroso trance de tener que encargarse de mis exequias. Te parecerá una locura, pero quiero ver la explosión, porque habrá explosión Miquel, habrá explosión.
Las últimas tres semanas han sido agotadoras. He pedido favores, he presionado, amenazado, suplicado En fin, hace dos días que llegaron los expertos rusos, desde entonces, mis fuentes, al igual que todos los implicados en la futura operación, están incomunicadas con el exterior. Así que ya no me es posible obtener más información. Podría haber cambios de última hora, aunque estoy convencido de que no será así.
Me ha costado dios y ayuda poner en orden toda la información que ha llegado a mis manos y encontrar la manera de hacerte un breve resumen (el grueso de la documentación va en el cd, por si quieres echarle un vistazo).
La estrategia que se ha diseñado tiene un setenta por ciento de posibilidades de salir bien, pero, en caso de que algo salga mal, la ciudad pagará las consecuencias. De hecho, me consta que ya hay discretos movimientos en el mundo inmobiliario para deshacerse de algunos edificios importantes cercanos al frente marítimo, no solo en Barcelona.
Los jerifaltes de la ciudad han tenido acceso a más información de la que yo dispongo. No tengo dudas sobre la calidad de la misma, pero esta operación es un tema muy complicado. Intervienen demasiados departamentos políticos y militares y se trabaja en compartimentos cerrados. Salvo una cúpula directriz, el resto solo maneja la información estrictamente necesaria para desarrollar su labor, así que existe la posibilidad de que, debido a esto, mis conclusiones sean erróneas, aunque mucho me temo que estoy en lo cierto. La ciudad está dejada a su suerte, no permitirán bajo ningún concepto que la niebla salga de la ciudad y se extienda incontroladamente.
Ya no es Barcelona, es salvar el resto ¿comprendes? En eso andan ahora, diseñan una campaña para que la gente acepte esa premisa. Los acojonarán, les harán conocer lo terrible de la epidemia y los grandes esfuerzos que se hacen para contenerla en la ciudad. En fin, van a acabar con la niebla, si la ciudad sale ilesa perfecto, si no pues mala suerte.
La operación militar que cerraría Barcelona en caso de que fuera necesario ya está diseñada.
No me hagas mucho caso, me estoy poniendo catastrofista. Todo saldrá bien. La que ha armado el fanático de Víctor pasará a la historia.
Han dividido el teatro de operaciones (así llaman a la ciudad y su área metropolitana) en cinco anillos, como las compañías de trasportes, y, días después del toque de queda, comenzarán los apagones nocturnos en los anillos exteriores. El objetivo es que, debido a su dependencia energética, la niebla se vaya replegando hacia el centro en busca de fuentes energéticas, para, una vez concentrada en algún lugar, poder eliminarla de raíz. De ahí que los apagones empiecen por el anillo exterior. Aprovechando que la niebla de día no tiene ninguna actividad, los apagones serán únicamente de noche, preservando así, en la medida de lo posible, el funcionamiento económico de la ciudad.
Cada semana se irá añadiendo un nuevo anillo al apagón nocturno. Serán los FT ALTEA, hasta ahora usados para vigilar los movimientos de los incendios forestales, equipados para este ejercicio con toda clase de sensores, los que llevarán a cabo el seguimiento de todo el proceso. Verificarán si la niebla se repliega y a qué ritmo lo hace. Una vez verificado el repliegue se procederá a apagar un nuevo anillo.
Este proceso se ha previsto que dure alrededor de siete u ocho semanas como mucho. Para entonces se espera que la niebla esté diezmada y arrinconada en el puerto y sus alrededores. A partir de ahí comenzará lo más delicado de la operación:
Se ha fletado un barco. Un barco especialmente equipado para atraer a la plaga mediante un complejo sistema electromagnético. Comenzará a funcionar cuando se tenga la seguridad de que la niebla se ha concentrado en los alrededores, y se espera que la atraiga como un imán. Una vez conseguido este objetivo, el barco zarpará tripulado por un sistema automático hasta una boya situada a cuarenta millas de la costa y se detendrá junto a ella. Ésto activará el sistema de ignición que detonará la bomba rusa de alta potencia instalada en el buque, provocando una enorme explosión que lo vaporizará todo en media milla a la redonda.
Sobre el papel parece factible, y así se lo han vendido a las autoridades locales, pero amigo mío, a mí me recuerda al cuento de la lechera. Y entraña grandes riesgos para la ciudad.
El más preocupante es el sistema de detonación de la FOAB, que, por mucho que digan los rusos, no es del todo estable. Si llega a explotar antes de tiempo, la ciudad sería barrida por la onda expansiva supersónica que generaría la explosión y la ola gigantesca que provocaría.
Ni qué decir tiene que los ciudadanos de a pie no seremos informados de todo esto. La excusa de siempre: Que no cunda el pánico, no es bueno para los negocios.
El día crítico será el de la partida de buque, lo que tenga que pasar pasará esa noche. Una vez haya zarpado, si algo sale mal puede tener graves consecuencias para todos nosotros.
Con el objetivo de no arriesgar las vidas de las élites de la ciudad se ha establecido una señal para la noche que zarpe barco. Las potentes luces de Montjuich se encenderán al caer la tarde. Ésa será la contraseña para que todos los que están sobre aviso se alejen de la costa y abandonen Barcelona discretamente.
Espero que la red que habéis montado sea capaz de alertar al mayor número de barceloneses que sea posible.
Con la excusa de un estudio científico, he conseguido que los conserjes del rascacielos me dejen montar una cámara en la azotea. Funciona con baterías y se puede manejar por control remoto, así que grabaré el evento sentado en mi terraza.
Miquel, he decidido correr la suerte de la ciudad. Sea cual sea el resultado será digno de presenciar. Por si no volvemos a vernos, te ruego que pongas la supervivencia de Inés por encima de cualquier otra consideración. Tómatelo como el pago a mi trabajo.
La forma más rápida de ponerse fuera del alcance de la onda expansiva sería protegerse en la cara opuesta al mar de las colinas de Collserola. Nada de alejarse hacía el Vallés, bien pegados a la montaña.
A partir de ahora es conveniente que no volvamos a ponernos en contacto, pues creo que alguien se ha ido de la lengua; han entrado en mi ordenador y puede que hayan encontrado alguna pista sobre lo que he estado haciendo.
En fin, viejo amigo, si todo va bien volveremos a vernos en primavera. Si no es así, cuida de Inés en mi nombre.
Amigo mío:
Como ya debes sospechar El hecho de que sea Inés quien te ha llevado esta carta es una muy mala noticia. He pasado estos últimos días arreglando mis asuntos. No quiero cargar en las espaldas de Inés el doloroso trance de tener que encargarse de mis exequias. Te parecerá una locura, pero quiero ver la explosión, porque habrá explosión Miquel, habrá explosión.
Las últimas tres semanas han sido agotadoras. He pedido favores, he presionado, amenazado, suplicado En fin, hace dos días que llegaron los expertos rusos, desde entonces, mis fuentes, al igual que todos los implicados en la futura operación, están incomunicadas con el exterior. Así que ya no me es posible obtener más información. Podría haber cambios de última hora, aunque estoy convencido de que no será así.
Me ha costado dios y ayuda poner en orden toda la información que ha llegado a mis manos y encontrar la manera de hacerte un breve resumen (el grueso de la documentación va en el cd, por si quieres echarle un vistazo).
La estrategia que se ha diseñado tiene un setenta por ciento de posibilidades de salir bien, pero, en caso de que algo salga mal, la ciudad pagará las consecuencias. De hecho, me consta que ya hay discretos movimientos en el mundo inmobiliario para deshacerse de algunos edificios importantes cercanos al frente marítimo, no solo en Barcelona.
Los jerifaltes de la ciudad han tenido acceso a más información de la que yo dispongo. No tengo dudas sobre la calidad de la misma, pero esta operación es un tema muy complicado. Intervienen demasiados departamentos políticos y militares y se trabaja en compartimentos cerrados. Salvo una cúpula directriz, el resto solo maneja la información estrictamente necesaria para desarrollar su labor, así que existe la posibilidad de que, debido a esto, mis conclusiones sean erróneas, aunque mucho me temo que estoy en lo cierto. La ciudad está dejada a su suerte, no permitirán bajo ningún concepto que la niebla salga de la ciudad y se extienda incontroladamente.
Ya no es Barcelona, es salvar el resto ¿comprendes? En eso andan ahora, diseñan una campaña para que la gente acepte esa premisa. Los acojonarán, les harán conocer lo terrible de la epidemia y los grandes esfuerzos que se hacen para contenerla en la ciudad. En fin, van a acabar con la niebla, si la ciudad sale ilesa perfecto, si no pues mala suerte.
La operación militar que cerraría Barcelona en caso de que fuera necesario ya está diseñada.
No me hagas mucho caso, me estoy poniendo catastrofista. Todo saldrá bien. La que ha armado el fanático de Víctor pasará a la historia.
Han dividido el teatro de operaciones (así llaman a la ciudad y su área metropolitana) en cinco anillos, como las compañías de trasportes, y, días después del toque de queda, comenzarán los apagones nocturnos en los anillos exteriores. El objetivo es que, debido a su dependencia energética, la niebla se vaya replegando hacia el centro en busca de fuentes energéticas, para, una vez concentrada en algún lugar, poder eliminarla de raíz. De ahí que los apagones empiecen por el anillo exterior. Aprovechando que la niebla de día no tiene ninguna actividad, los apagones serán únicamente de noche, preservando así, en la medida de lo posible, el funcionamiento económico de la ciudad.
Cada semana se irá añadiendo un nuevo anillo al apagón nocturno. Serán los FT ALTEA, hasta ahora usados para vigilar los movimientos de los incendios forestales, equipados para este ejercicio con toda clase de sensores, los que llevarán a cabo el seguimiento de todo el proceso. Verificarán si la niebla se repliega y a qué ritmo lo hace. Una vez verificado el repliegue se procederá a apagar un nuevo anillo.
Este proceso se ha previsto que dure alrededor de siete u ocho semanas como mucho. Para entonces se espera que la niebla esté diezmada y arrinconada en el puerto y sus alrededores. A partir de ahí comenzará lo más delicado de la operación:
Se ha fletado un barco. Un barco especialmente equipado para atraer a la plaga mediante un complejo sistema electromagnético. Comenzará a funcionar cuando se tenga la seguridad de que la niebla se ha concentrado en los alrededores, y se espera que la atraiga como un imán. Una vez conseguido este objetivo, el barco zarpará tripulado por un sistema automático hasta una boya situada a cuarenta millas de la costa y se detendrá junto a ella. Ésto activará el sistema de ignición que detonará la bomba rusa de alta potencia instalada en el buque, provocando una enorme explosión que lo vaporizará todo en media milla a la redonda.
Sobre el papel parece factible, y así se lo han vendido a las autoridades locales, pero amigo mío, a mí me recuerda al cuento de la lechera. Y entraña grandes riesgos para la ciudad.
El más preocupante es el sistema de detonación de la FOAB, que, por mucho que digan los rusos, no es del todo estable. Si llega a explotar antes de tiempo, la ciudad sería barrida por la onda expansiva supersónica que generaría la explosión y la ola gigantesca que provocaría.
Ni qué decir tiene que los ciudadanos de a pie no seremos informados de todo esto. La excusa de siempre: Que no cunda el pánico, no es bueno para los negocios.
El día crítico será el de la partida de buque, lo que tenga que pasar pasará esa noche. Una vez haya zarpado, si algo sale mal puede tener graves consecuencias para todos nosotros.
Con el objetivo de no arriesgar las vidas de las élites de la ciudad se ha establecido una señal para la noche que zarpe barco. Las potentes luces de Montjuich se encenderán al caer la tarde. Ésa será la contraseña para que todos los que están sobre aviso se alejen de la costa y abandonen Barcelona discretamente.
Espero que la red que habéis montado sea capaz de alertar al mayor número de barceloneses que sea posible.
Con la excusa de un estudio científico, he conseguido que los conserjes del rascacielos me dejen montar una cámara en la azotea. Funciona con baterías y se puede manejar por control remoto, así que grabaré el evento sentado en mi terraza.
Miquel, he decidido correr la suerte de la ciudad. Sea cual sea el resultado será digno de presenciar. Por si no volvemos a vernos, te ruego que pongas la supervivencia de Inés por encima de cualquier otra consideración. Tómatelo como el pago a mi trabajo.
La forma más rápida de ponerse fuera del alcance de la onda expansiva sería protegerse en la cara opuesta al mar de las colinas de Collserola. Nada de alejarse hacía el Vallés, bien pegados a la montaña.
A partir de ahora es conveniente que no volvamos a ponernos en contacto, pues creo que alguien se ha ido de la lengua; han entrado en mi ordenador y puede que hayan encontrado alguna pista sobre lo que he estado haciendo.
En fin, viejo amigo, si todo va bien volveremos a vernos en primavera. Si no es así, cuida de Inés en mi nombre.
domingo, 30 de junio de 2013
Niebla 6 (Fragmento)
Desde la terraza delantera del ático de Miquel, el mar acaparaba la mayor parte del horizonte, y un viento gélido y vertiginoso, silbando con fuerza en los recovecos de los edificios de la avenida, recorría la noche, dificultando la discreta charla que sostenían los dos amigos fuera del alcance de los oídos de Inés. Ésta los observaba desde la ventana corredera del despacho, a sabiendas de que los dos hombres, con la excusa de fumar un cigarrillo, querían sostener una conversación lejos de su presencia. Por un momento se sintió ofendida, pero
, al poco, el lenguaje corporal de los dos amigos la llevó en otra dirección
Envidió la fuerte compenetración que había entre ellos. Sin duda, su inesperada llegada iba a modificar los hábitos de la casa. Había hecho su aparición sin avisar, con una maleta y malas noticias. Todos necesitarían algo de tiempo para acostumbrarse
Acodado en la baranda de la terraza, Andrés escuchaba las explicaciones de su amigo; de vez en cuando asentía con la cabeza, y después trataba de encender de nuevo el cigarrillo que sostenía en la mano izquierda; tras varios intentos fallidos, con un gesto resignado volvió a dejarlo dentro del paquete.
El rostro grave de Andrés, recortado entre las sombras intermitentes de la terraza, la llenó de inquietud. Apartó la mano que sostenía la cortina, encendió la luz y se sentó delante del ordenador
A unos cables de distancia del herrumbroso buque, dos fragatas de la Armada custodian el puerto. El moribundo carguero griego, destinado al desguace meses antes, está siendo remozado para su último viaje. Fondeado frente al puerto, el constante ir y venir de las lanchas le había dado una nueva vida al marchito navío.
En proa, colgados de un andamio, tres marineros pintan el nombre escogido para su postrera singladura. El viejo Dyonisios, ahora rebautizado como Sant Jordi, era el instrumento elegido para acabar con la pesadilla que asolaba la ciudad.
En ese mismo momento, en un lugar desconocido del área metropolitana, un científico español y tres ingenieros rusos expertos en armamento supervisan la descarga de tres traileres llegados durante la noche.
La FOAB (bomba termobárica de alto impulso) rusa, sin duda alguna, era el arma no nuclear más potente del mundo. Con un peso cercano a las ocho toneladas, producía una energía equivalente a 44 toneladas de TNT, por lo que tenía el mismo poder de destrucción que una bomba nuclear táctica. Probada con éxito en el 2007, estaba destinada a sustituir a las armas nucleares tácticas del ejército ruso. Sus características más peligrosas eran su onda expansiva supersónica y lo difícil de su control.
Cuatro veces más potente que su homóloga norteamericana, la FOAB estaba diseñada para ser lanzada desde un avión y detonada desde tierra, pero en esta ocasión sería diferente, así que los técnicos rusos montaban un nuevo sistema de detonación que minimizaría en parte su alto poder destructivo.
Acodado en la baranda de la terraza, Andrés escuchaba las explicaciones de su amigo; de vez en cuando asentía con la cabeza, y después trataba de encender de nuevo el cigarrillo que sostenía en la mano izquierda; tras varios intentos fallidos, con un gesto resignado volvió a dejarlo dentro del paquete.
El rostro grave de Andrés, recortado entre las sombras intermitentes de la terraza, la llenó de inquietud. Apartó la mano que sostenía la cortina, encendió la luz y se sentó delante del ordenador
A unos cables de distancia del herrumbroso buque, dos fragatas de la Armada custodian el puerto. El moribundo carguero griego, destinado al desguace meses antes, está siendo remozado para su último viaje. Fondeado frente al puerto, el constante ir y venir de las lanchas le había dado una nueva vida al marchito navío.
En proa, colgados de un andamio, tres marineros pintan el nombre escogido para su postrera singladura. El viejo Dyonisios, ahora rebautizado como Sant Jordi, era el instrumento elegido para acabar con la pesadilla que asolaba la ciudad.
En ese mismo momento, en un lugar desconocido del área metropolitana, un científico español y tres ingenieros rusos expertos en armamento supervisan la descarga de tres traileres llegados durante la noche.
La FOAB (bomba termobárica de alto impulso) rusa, sin duda alguna, era el arma no nuclear más potente del mundo. Con un peso cercano a las ocho toneladas, producía una energía equivalente a 44 toneladas de TNT, por lo que tenía el mismo poder de destrucción que una bomba nuclear táctica. Probada con éxito en el 2007, estaba destinada a sustituir a las armas nucleares tácticas del ejército ruso. Sus características más peligrosas eran su onda expansiva supersónica y lo difícil de su control.
Cuatro veces más potente que su homóloga norteamericana, la FOAB estaba diseñada para ser lanzada desde un avión y detonada desde tierra, pero en esta ocasión sería diferente, así que los técnicos rusos montaban un nuevo sistema de detonación que minimizaría en parte su alto poder destructivo.
jueves, 13 de junio de 2013
Niebla 5 (fragmento)
Una hora después, la furgoneta los dejaba en un garaje del extrarradio barcelonés. Allí los esperaban dos tipos corpulentos vestidos de enfermeros, que los acompañaron hasta el ascensor que los dejó en la segunda planta.
Los repartieron en tres habitaciones contiguas. Tras despojarse de la ropa y los efectos personales firmaron un documento, pasaron por la ducha, les dieron ropa nueva y les hicieron los primeros análisis.
Sala de conferencias: suelo y paredes de un blanco impoluto, grandes ventanales de cristal esmerilado, sillas y pequeñas mesas azules; y presidiendo el aula, una mesa grande con tres tipos de bata blanca que los urgían para que tomasen asiento.
Tras la charla introductoria se repartieron unos folletos relativos al experimento, donde se explicaban detalladamente las pautas que se iban seguir durante todo el proceso, así como las normas fundamentales de convivencia y un plano de las instalaciones y sus correspondientes servicios. Uno a uno, el medio centenar de participantes de ambos sexos pasó por una ventanilla donde una enfermera rubita repartía bolsitas con dos gramos de marihuana.
Sala de lectura, de televisión, de juegos de mesa, un pequeño gimnasio, una enfermería donde se tomaban las muestras; y lo más importante: la inmensa sala que acabaron por llamar “el submarino”. El lugar donde, día a día, se enfrentaron a la niebla.
Un pequeño grupo no fumaba marihuana, sino que utilizaban un preparado farmacéutico compuesto por dos sustancias activas: el tetrahidrocannabinol y el cannabidiol, que se administraba en pulverizaciones bucales por medio de un espray, absorbiéndose a través de las mucosas orales.
-¿Crees que Víktor trabajaba solo?
-No lo sé, Andrés, no lo sé. Pero montar algo así implica tener un proyecto a largo plazo o algún tipo de trastorno mental que no alcanzo a ver. Quizá haya detrás un proyecto político totalitario liderado por fanáticos del Tercer Reich. O por falangistas en conserva, que haberlos haylos.
Me consta que están investigado con lupa la vida del cabrón de Víktor, pero de momento no hay pruebas que apunten hacia conexiones terroristas…
Con la llegada de los primeros fríos invernales, a principios de diciembre la ciudad recuperó una aparente normalidad. El fenómeno de la Niebla Azul se fue replegando paulatinamente; tanto, que los periódicos poco a poco fueron arrinconando la información sobre el asunto –que un mes antes había sido objeto de un seguimiento masivo por parte de los medios, ocupando portadas y páginas y páginas centrales con todo tipo de especialistas y teorías pintorescas- hasta quedar reducida a puntuales notas en las páginas interiores.
La policía había tomado de nuevo el control de las infraestructuras estratégicas y de los barrios más afectados por la niebla.
Pequeños focos de la plaga iban apareciendo intermitentemente, una noche en un barrio, otra noche en otro. La niebla se agazapaba, daba un zarpazo y volvía a desaparecer…
Los repartieron en tres habitaciones contiguas. Tras despojarse de la ropa y los efectos personales firmaron un documento, pasaron por la ducha, les dieron ropa nueva y les hicieron los primeros análisis.
Sala de conferencias: suelo y paredes de un blanco impoluto, grandes ventanales de cristal esmerilado, sillas y pequeñas mesas azules; y presidiendo el aula, una mesa grande con tres tipos de bata blanca que los urgían para que tomasen asiento.
Tras la charla introductoria se repartieron unos folletos relativos al experimento, donde se explicaban detalladamente las pautas que se iban seguir durante todo el proceso, así como las normas fundamentales de convivencia y un plano de las instalaciones y sus correspondientes servicios. Uno a uno, el medio centenar de participantes de ambos sexos pasó por una ventanilla donde una enfermera rubita repartía bolsitas con dos gramos de marihuana.
Sala de lectura, de televisión, de juegos de mesa, un pequeño gimnasio, una enfermería donde se tomaban las muestras; y lo más importante: la inmensa sala que acabaron por llamar “el submarino”. El lugar donde, día a día, se enfrentaron a la niebla.
Un pequeño grupo no fumaba marihuana, sino que utilizaban un preparado farmacéutico compuesto por dos sustancias activas: el tetrahidrocannabinol y el cannabidiol, que se administraba en pulverizaciones bucales por medio de un espray, absorbiéndose a través de las mucosas orales.
-¿Crees que Víktor trabajaba solo?
-No lo sé, Andrés, no lo sé. Pero montar algo así implica tener un proyecto a largo plazo o algún tipo de trastorno mental que no alcanzo a ver. Quizá haya detrás un proyecto político totalitario liderado por fanáticos del Tercer Reich. O por falangistas en conserva, que haberlos haylos.
Me consta que están investigado con lupa la vida del cabrón de Víktor, pero de momento no hay pruebas que apunten hacia conexiones terroristas…
Con la llegada de los primeros fríos invernales, a principios de diciembre la ciudad recuperó una aparente normalidad. El fenómeno de la Niebla Azul se fue replegando paulatinamente; tanto, que los periódicos poco a poco fueron arrinconando la información sobre el asunto –que un mes antes había sido objeto de un seguimiento masivo por parte de los medios, ocupando portadas y páginas y páginas centrales con todo tipo de especialistas y teorías pintorescas- hasta quedar reducida a puntuales notas en las páginas interiores.
La policía había tomado de nuevo el control de las infraestructuras estratégicas y de los barrios más afectados por la niebla.
Pequeños focos de la plaga iban apareciendo intermitentemente, una noche en un barrio, otra noche en otro. La niebla se agazapaba, daba un zarpazo y volvía a desaparecer…
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