domingo, 21 de marzo de 2010

¡Jódete y baila!* (enero 08)

Nunca olvidaré aquella noche. La conocí en el Casal de Barri de Prosperitat, en una exposición de cuadros. Le largué mi rollo habitual, aderezado con artísticas pinceladas. Yo recité unos poemas, ella, bailó una danza, el despertar, el amanecer de una confusa conciencia.
Madura, de pelo negro y corto, bonita y de aspecto estrafalario, con unos lindos y expresivos ojos oscuros, ojos de mujer herida. 
Algo desconfiada pero simpática, y dueña de una mirada cambiante, a ratos, ensimismada y triste, otros, en cambio, alzaba el rostro y te miraba altiva. Un chispazo arrebatador se apoderaba de sus ojos en esos momentos. Aquella mirada, se adueñó de toda la sala con sólo recorrer fugazmente todas las demás.
Desde la esquina, la observaba con curiosidad, dando cortos, distraídos y certeros vistazos. Después, comenzó su lento periplo, cuadro tras cuadro, hasta llegar al rincón donde unos cuantos amigos charlábamos animadamente...

Han pasado seis meses de nuestro primer encuentro, y cuando miro atrás, los recuerdo cargados de brumas. 
Un montón de contradicciones revueltas, desde donde se proyecta hacia delante, a un primer plano, un rostro de mujer, un abanico rebosante de luces y sombras.
Su rostro, un bello rostro, donde destacan unos enigmáticos y hermosos ojos pardos, que me recuerdan un atardecer de verano, cálidos, de dulce y cambiante mirar. Cuando deja caer sus negras y largas pestañas parece que el mundo hecha el telón, que la oscuridad se enseñorea de todo lo que la rodea, yo incluido. De pronto, los abre, y sonríe como una niña pillada en una falta, entonces, se deja ver una tímida sonrisa de nácar.
Cuando le acaricio el pelo, ese pelo de un negro profundo, corto y espeso, ronronea, y un deslumbrante brillo juvenil se adueña de sus ojos, con la soñadora mirada que muestra en sus mejores momentos. Ese fugaz brillo amarillento parece despejar brumas, como unos faros antiniebla, que, al encenderse, iluminan sus sombras más profundas.
Una boca bien dibujada, sensual, pero no demasiado, lo justo para que te fijes en ella, para que desees pasarle la lengua por los, ligeramente entreabiertos, labios, que dejan pasar una delgada línea de marfil, mientras los saboreas despacio, como si de una fruta madura y dulce se tratara. 
Entonces su cuerpo se pega al tuyo, y la sientes estremecerse levemente, como las alas una mariposa que se adentra por primera vez en la brisa primaveral.
Sin una arruga en el rostro -a pesar de su edad-, salvo, cuando, coqueta, hace un sensual mohín. Ese detalle, nos podría llevar a pensar que no siente ni padece, pero no sería cierto.
En el amor su rostro se crispa y relaja alternativamente, se transforma en un rostro para retenerte, adquiriendo, con todo esplendor, una belleza total,  sacando -vete a saber de donde-, en algunos de sus rasgos, una expresión arrebatadora. La primera vez que me fijé en esa cualidad me quedé alucinado. Recuerdo que pensé: “la belleza absoluta se halla en la fuerza que ha producido el cambio. En la energía que ha llevado los rasgos a su máxima capacidad expresiva”. 
Era algo increíble, la pasión aumentaba los atractivos de su cara elevándolos a límites extraordinarios. El brillo de sus ojos se multiplicaba por diez y su boca se dibujaba como nunca, potenciando toda la sensualidad guardada en algún oscuro rincón de su alma, expresándola a través de sus labios, que parecían haber trasformado todo el rostro, dándole unas cualidades que antes permanecían ocultas. En esos momentos lo pasaba bien, muy bien, y eso la trasfiguraba, estaba guapa, guapa de cojones.
Sé que juego con fuego, que es un trabajo inútil, no sabe amar, pero sigue atrayéndome. Se me follará cuando quiera.
Y la vi de perfil, primero me sobresaltó el profundo contraste, y luego pensé en Picasso, en los retratos cubistas que solapan frente y perfil. Dos expresiones contradictorias de un rostro mostradas en las mujeres que pintaba, y que el artista, yendo más allá de lo evidente, conciliaba dos mujeres contradictorias, dos facetas irreconciliables, en una sola obra.
En su afilado perfil vi a la otra mujer. En esos cortantes filos había miedo y una profunda e incomprendida soledad. También vi sus obsesiones sexuales, su falso rostro de mosquita muerta, que alternaba expresiones con una egocéntrica de tendencias sadomasoquistas, se recortaba con aristas muy afiladas en aquél perfil que, ahora si, delataba su edad biológica.
Volví a mirarla de frente por unos segundos, y los contrastes, la enorme distancia entre aquellos dos rostros, me sacudieron de arriba abajo. “Ruido de Fondo”, un bello rostro con ruido de fondo. Un ruido que no le da respiro.
Mar de fondo, la tormenta donde el mar se agita por culpa de un viento lejano que perdió su fuerza por el camino, y del que tan sólo llega hasta nosotros la energía, el impulso que le dio al mar, sería, para este texto, un símil de los que a mí me gustan, marinero.
Sabía donde me metía,y, escarmentado como estaba, me lo tomé con filosofía. Aprenderás Mario, aprenderás, no te involucraras demasiado, pero la amarás, satisfarás tu curiosidad y tu pasión de una tacada, y lo contarás.
Una seductora nata con escaso éxito y muchas pasiones por vivir, cosa que, desde luego, no se atreve a llevar hasta el final, quedándose, tristemente, a las puertas de todo eso, ahogando, en esporádicas ocasiones, y con algún polvo raro, las frustraciones que su miedo atávico le impide vivir con plenitud.
No hay amor, pasión que le dure, pues ella misma se encarga de joderl@, enganchada al dolor, se hace daño,y, si puede o la dejan, se lo hace a sus amantes. 
Asustada y perdida en un informático bucle infinito, de donde no sabe, o no quiere, o no puede, o no se atreve, a salir. Hay que huir, siempre huir. No se puede huir de uno mismo, por mas que se corra siempre está con uno.
Tirada la toalla, sin saber amar, ensimismada en un mundo de recuerdos, de amores que apenas vivió y malbarató. Envuelta en una alegría fugaz y somnolienta, en una narcisista maldad, pasa sus días.
Ha estado meses intentando sacarme de mis casillas. Lo ha probado todo, celos, desdenes, smeses desagradables... etc. cuanto más caso le hagas peor. Sólo deja de dar la tabarra mientras te la follas, y a veces ni eso.
Es en la danza donde la visto mas ella misma, allí se liberaba, exteriorizando su conflicto personal de una manera muy sensual y bella. Por esa razón, sólo por esa, me seduce, me sedujo, me dejé seducir, me seducirá siempre.
El jaguar, la sombra ancestral en el espejo de mi vida, mira a su izquierda, a su muerte, y esta le dice: tranquilo, sólo mi toque importa. Eso, os hace mágicos.
¡Jódete y baila!, mi amor. ¡Jódete y baila!


*Fragmento de los "Cuentos del amor oscuro".