lunes, 20 de mayo de 2013

Niebla 4 (fragmento)

-Bueno, ahora somos socios del Lagarto Verde…
-Menuda movida para entrar… ¿Dónde están los garitos llenos de humo y  tías poco recomendables?
-Han pasado a la historia, Andrés; salvo en fiestas clandestinas y algunos conciertos en centros sociales ocupados. Y ni allí es lo que era…
-¿Por qué tanta ventilación? 
-Dicen que han de cumplir una normativa muy estricta, pero estoy convencido de lo hacen para que la gente no se ponga gratis.
¿Los tipos del club te han parecido fiables?
-Bueno…, al principio sí; pero cuando el soplapollas aquél, el bajito de las gafas concha, ha empezado con su rollo ya no lo ha soltado: ¡Cómo mola, tío, cómo mola! ¡Qué guay, tío, qué guay! ¡Lo flipas, tío, lo flipas! 
Si son capaces de aguantar horas y horas a un tipo así es que son unos santos o no se enteran de nada. ¡Qué hijoputa! No puedo quitármelo de la cabeza: ¡Lo flipas, tío, lo flipas! ¡Qué guay, tío, qué guay! 
-Un colgado hiperpelma. Si fuera un poco más listo se podría buscar la vida abriendo cajas de caudales a base de palique.
Menos mal que lo grabé todo. Dos horas… La primera es la que más nos interesa. Están los hechos. Casi toda la segunda son interpretaciones y opiniones personales, que pueden aportar algunos detalles pasados por alto al principio de la entrevista, pero nada más. Lo fundamental está en la primera hora. Cuando el julandrón de las gafas ha empezado con sus: ¡Cómo mola, tío, cómo mola! ¡Lo flipas, tío, lo flipas!..., nos hemos descentrado un poco.
Tengo que pasar por el viejo rascacielos de Urquinaona. He de llevar unos documentos a un amigo de Miquel. ¿Qué haces? ¿Te vienes?
-No. Tengo las niñas en casa de un amigo. Si no voy a buscarlas antes de las diez mi mujer me cortará el cuello.

La tarde del día siguiente, Miquel y Andrés escuchaban atentamente la grabación en el despacho del primero, que hacía las veces de sala de música y lectura desde que vivían juntos. De vez en cuando paraban la grabación, y Miquel tomaba notas apoyándose en los comentarios que Andrés le iba proporcionado a medida que sus recuerdos de la tarde anterior, envueltos en una densa nube canabica, reaparecían poco a poco.
Era un trabajo tedioso, pues a cada pregunta, los encuestados respondían a la vez, atropellándose las voces de unos y otros en un confuso parloteo donde se confundían las respuestas con la música del local. De tanto en tanto, el tono decido de la voz de Raúl acallaba la embrollada cháchara, poniendo algo de orden en el discurso de éstos. Durante unos minutos la cosa iba bien, hasta que, empujados por los efectos de la maría volvían a embalarse de nuevo, mezclando ocurrencias, respuestas y risas contagiosas.
Después de varias horas de oír los: ¡Qué guay, tío, qué guay! del cretino del club, habían desentrañado lo esencial de la historia de los fumetas identificados en el Arco de Triunfo: 
La guardia urbana les entregó a domicilio un documento de las autoridades sanitarias para que se presentaran en la fecha y hora indicadas en el Hospital Clínic.
Un responsable municipal del Control de Epidemias les explicó el motivo de su presencia allí: Al parecer, habían estado expuestos a un virus desconocido, y, aunque durante las pruebas hechas en primera instancia no se encontró nada fuera de lo normal y se creía que el THC les había proporcionado cierta inmunidad, era extremadamente importante que durante unos días se sometiesen a un estudio suplementario para corroborar científicamente este hecho, de lo contrario las autoridades sanitarias los harían responsables del posible contagio a terceros. 
Estarían confinados durante diez o quince días en un entorno controlado. 
Por formar parte del estudio serían remunerados, además de suscribirles una jugosa póliza de seguros por si alguien sufría algún tipo lesión, física o psíquica.
Una vez firmados los documentos correspondientes, y después de asegurar a los que formaban parte del colectivo de afortunados que todavía tenía un empleo, que sus puestos de trabajo no se verían afectados por su ausencia, bajaron al garaje del hospital, subieron a una furgoneta cerrada y salieron con destino desconocido.

domingo, 19 de mayo de 2013

Justín*

Justino –al que todos sus compañeros llamaban Justín debido a su aspecto apocado-, era uno de los más viejos colaboradores de fray Durán, secretario de la Unión Monástica de Cataluña. Rescatado de muy joven del cuerpo de censores del estado por fray Durán, Justín había prosperado en la congregación a pesar de lo oscuro y deslucido de su profesión.
Presto siempre a que publicaciones y carteles pagados con el dinero de todos reflejasen el ideario de su orden, andaba siempre de aquí para allá dando consejos y consignas a los responsables de la gestión de municipios, diputaciones y mancomunidades que controlaba la hermandad a la que pertenecía.
"Nuestra democracia no es más que un videojuego anticuado y caro que hemos de procurar mantener vivo a toda costa. Los ciudadanos han de ser conducidos por el sendero del analfabetismo político útil que nos perpetúa, que nos hace aparecer como indispensables", aseguraba en los conciliábulos de alto nivel de la congregación que lo rescató del ostracismo en los albores de la democracia y a la que tanto debía.
Justín era un as del lenguaje subliminal, un “martínvilla” del escamoteo del mensaje popular, un Messí torticero en el inmenso campo de la comunicación gráfica.
 "Justín, te necesito urgentemente", le dijo La Reinona. "Después de muchos años, hemos puesto una pica en Flandes, y hay que conservarla a toda costa. Este constante lidiar con gente montaraz y subversiva me deja el cutis hecho un asco. Estoy llena de granos de aguantar a tanto ateo vociferante".
Lo cierto es que La Reinona, en el corto espacio de tiempo que llevaba al frente de la gestión del Distrito, había perdido gran parte de la lozanía a la que debía su apodo; y a pesar de la comunión diaria languidecía a ojos vista.
"La sumisión perruna de los responsables de cualquier cartel o publicación pagados con fondos públicos es mi objetivo irrenunciable en este caso", le aseguró a su correligionaria nada más instalarse en un despacho del Mental.
Mientras sus dos esbirros rebuscaban en los archivos, Justín recorría los mezquinos equipamientos municipales de la zona norte a la caza de cualquier revista, cartel, folleto o boletín susceptible de ser sometido a sus preceptos.
Ya en su despacho, después de unos lingotazos de chinchón, el veterano censor babeaba nada más ver el suculento botín que iba a sufrir su inapelable tijeretazo estilístico. Eso, o desaparecer por falta de recursos. Con la crisis, ya se sabe, balbuceaba medio enajenado.
Era allí, en terreno hostil, donde quería culminar la obra maestra de su vida.
El libro de estilo demócrata cristiano para carteles y publicaciones subvencionadas está casi listo, solía repetir mirando el busto de bronce de fray Durán, que, desde un alto pedestal, presidía todopoderoso el despacho de aquel hombre hecho de recortes y medias verdades.
Pero Justín no contaba con la maldición del Mental: Una tarde tormentosa, cuando, pasado de chinchón, iba a coger el abrigo, tropezó con la papelera metálica donde arrojaba las publicaciones indeseables y cayó de bruces con tal mala suerte que, al apoyarse en el pedestal de fray Durán para levantarse, éste cedió hacia atrás provocando la caída del busto, que le acertó de lleno en la sesera.
Sus compañeros de fe interpretaron el fatal accidente como una señal del Altísimo, y relegaron la obra cumbre de Justín al atiborrado archivo de Estudios Inútiles Que Hacemos Porque Los Pagáis Vosotros.



Para la revista anual La Prosperitat.


lunes, 13 de mayo de 2013

Niebla 3 (fragmento)

Cuando abrió la puerta se encontró con una mujer de mediana estatura, de pelo negro, ojos pardos y mirada soñadora.
-¿Qué desea?
Sonriendo y alargando el brazo izquierdo para darle un grueso sobre marrón, le dijo: Soy Inés, la sobrina de Castellví.
-Pasa, pasa…-le dijo, dejando el paquete encima de las piernas y empujando las ruedas de la silla hacía atrás.
La última vez que te ví eras casi una niña… Y ahora… ¡Vaya! Tenía razón tu tío.
Hay un paragüero en el baño. Es la puerta de enfrente. Deja la maleta por ahí y siéntate mientras llevo ésto al despacho –continuó, alzando el sobre con la mano derecha-. Volvió a dejar el sobre en las rodillas. Giró a la derecha, atravesó la salita y se perdió pasillo adelante.
Poco después reapareció con una carta sobre las piernas. Junto al ventanal de la terraza, Inés miraba pensativa el lluvioso atardecer que desaparecía vertiginoso tras las colinas de Collserola. Carraspeó para llamar su atención. Ella rompió a llorar y se volvió a mirarlo. Esperó a que se acallaran los sollozos, carraspeó de nuevo; la miró a los ojos y le dijo: Supongo que tu tío ya te ha hablado de todo esto. Hay una carta para ti. Has de leerla ahora.
Inés cogió la carta, la puso sobre la mesita y se dejó caer en el sofá. Se secó las lágrimas con un pañuelo de papel, suspiró hondo…, abrió la boca como para decir algo…, pero no lo hizo. Suspiró de nuevo, dejó el pañuelo en la mesita y cogió la carta murmurando entre dientes…
Miquel no intentó consolarla, abrió la puerta corredera y salió a la terraza. Chispeaba sobre la ciudad. En unos minutos, el añil profundo desapareció devorado por la oscuridad. Entonces sintió las manos de Inés sobre sus hombros… -¿Y bien…? -preguntó calidamente al tiempo que hacía girar la silla de ruedas para encararse con ella. Será mejor que entremos –continuó- o nos pondremos chorreando.
Ya en la salita, la miró un instante y le dijo: No te quedes ahí pasmada. Al fondo del pasillo hay una habitación. Será la tuya mientras estés aquí. Puedes dejar tus cosas allí. Más adelante, si necesitas algo más, Andrés se acercará a casa de tu tío a buscarlo. Todo va a salir bien, no te preocupes.

A media mañana del día siguiente, cuando Andrés llegó cargado con las bolsas de la compra y entró en la cocina, se encontró de sopetón con Inés, que fregaba la vajilla de la noche anterior. Sorprendido, dejó las bolsas encima de la pequeña mesa donde solían comer los dos amigos y se quedó mirándola como si fuera una aparición.
Ella se secó las manos, se dio la vuelta sonriendo tímidamente y, extendiendo la mano derecha, le dijo: Hola, me llamo Inés. Miquel ya me ha hablado de ti. Está en la terraza de atrás liado con sus plantas.
Sin salir de su estupor, Andrés salió de la cocina en busca de Miquel.
-¿De dónde ha salido la morenita de bote? – le preguntó nada más verlo.
-¡Hombre, ya estas aquí! Es Inés, la sobrina de Castellví. Es el único pariente vivo que le queda. Llegó ayer, coincidiendo con la implantación del toque de queda. Hacía veinte años que no la veía. A partir de ahora es una más. ¿Qué? ¿Te ha gustado la media melenita o la mirada ingenua?
Sus padres fallecieron en un accidente aéreo cuando ella tenía cinco años. Desde entonces ha vivido con los Castellví, que eran sus únicos parientes. Hace cuatro años, cuando murió Laia (la mujer de Ramón), sufrió una fuerte depresión que requirió tratamiento psiquiátrico durante unos meses. Estaba muy unida a su tía, y ahora, que su tío le ha contado lo de su enfermedad…
Castellví se muere. Le han dado poco más de un año a todo estirar. Y cree que su sobrina no será capaz de superarlo.
Según él, la cuenta atrás de la ciudad ya ha comenzado. En fin… está convencido de que las dos malas noticias juntas van a ser demasiado para Inés. Hasta el momento ha demostrado bastante entereza, pero las depresiones son traicioneras y teme que se derrumbe. Él ya no tiene fuerzas para ayudarla, así que habló con ella; y aquí está. Has de tratarla con mucho tacto. Como si fuera la única mujer que queda en el mundo.

viernes, 10 de mayo de 2013

Para Estrella

Estrella:

Ayer, entreví tus ojos entre la multitud. Parece que te presiento. Supongo que eras tú. Ya ves, podría haberme acercado para averiguarlo, pero preferí no hacerlo. Te parecerá una estupidez, y quizá lo sea; pero una voz interna, quizá mi yo más profundo, se negó en redondo a ir a comprobarlo.
Amanece mientras escribo estas líneas que seguramente no te enviaré, otro despropósito, o puede que no lo sea tanto. Es en estas frescas mañanas de primavera, donde la soledad más acecha, cuando, tremendamente solo, un profundo vacío, y el implacable suplicio que lo acompaña, más añoranzas evocan.
¿Cómo puedes echar de menos lo que nunca has tenido?, me pregunto mientras espero los rayos de un sol que aliviará el frío devastador que, despiadado, recorre hasta el tuétano un cuerpo desalentado. Entra rápido y certero como una definitiva puñalada en el corazón.
Algo sé de ausencias y puñaladas, Estrella; y también de soliloquios.
Y la llovizna que acompaña este despertar cargado de brumas me anuncia que, como una amante frívola y caprichosa, el sol faltará a la cita sin avisar; robándome así, la esperanza de que la suave calidez de sus primeros fulgores alienten el anhelo de un poema ardiente y tierno que haga desaparecer de un plumazo el sombrío rastro de tu ausencia, el gélido quebranto de mi destierro.
Es imposible quitarse de encima un sentimiento, solo puede uno intentar confinarlo en lo más profundo del alma, o adormecerlo a base de sustancias poco saludables; aunque…, ¿sabes, Estrella?, me han contado que algunos, sin duda lo más afortunados, lo subliman, y son capaces de hallar la belleza hasta en los más yermos páramos de la desesperanza.
Fui a tu estreno (no sé si lo sabías), pero acabé por no entrar.
Tuve mis razones, no te creas…, la más importante casi dicha está más arriba. La segunda, quizá anecdótica, es muy simple: Me niego a salir por ahí y tener que verte al lado de otro soplapollas.
Ya ves, al final ha salido el poco de mala leche ibérica que me tocó en la lotería genética peninsular, tan útil y necesaria para un narrador.
Palabras y palabras y palabras…, en tu ausencia…


martes, 16 de abril de 2013

Niebla 2 (fragmento)

-Toma, léela tú mismo –le dijo, entregándole el sobre.

Miquel:
Malas noticias. Tengo pruebas de que la situación es catastrófica; por lo tanto, no es de extrañar el apagón informativo sobre la cuestión fundamental: ¿Qué esta pasando en Barcelona?
Sobre este tema se están  desplegando técnicas desinformativas propias de una guerra. La situación de la ciudad suscita un consenso informativo muy sospechoso.
Vamos hacía un apagón energético generalizado; es bastante probable que dentro de muy poco tiempo estemos completamente aislados del resto del mundo. Sé de buena tinta que se están diseñando campañas de comunicación para que los ciudadanos lleguen a aceptar la situación sin demasiadas preguntas; y evitar así una fuga masiva de la ciudad que conllevaría ingentes pérdidas económicas de sectores con mucho poder. Seguramente, se hablará de algún extraño fenómeno natural producto del cambio climático para distraer a la opinión pública de la gravedad de la situación.
Miquel, de mis indagaciones, que han sido muy sutiles y complejas, se puede deducir un futuro más negro que el de, el mal llamado, estado del bienestar…
Supongo que has leído algo sobre el término “Plaga gris” que acuñó el pionero de la nanotécnologia Eric Drexler. Habla de un Apocalipsis en que estaría involucrada la nanotécnologia molecular.
Con los datos de que dispongo yo no puedo ir tan lejos… Pero han montado en un tiempo record un laboratorio del que nadie dice saber la ubicación. Un laboratorio donde priman renombrados especialistas en todas las ramas de la nanotécnologia supervisados por militares, incluso, sé de buena fuente, que dos tipos del Pentágono forman parte del numeroso grupo de  científicos que trabajan en esa sofisticada instalación.
La niebla azul, amigo mío, es un organismo bionanotécnologico autoreplicante. Hablamos de manufactura molecular, de un ensamblador autoreplicante de dimensiones nanométricas, de un replicador autótrofo diseñado por humanos o de un cyborg nanométrico capaz de autoreplicarse y que podría llegar dispersarse como el polen.
No sé si has oído alguna vez el nombre de Víktor von Kartoffen. Víktor fue uno de los primeros especialistas el nanotécnologia de nuestro país, y digo fue, porque hace unos meses lo hallaron muerto en la explosión, supuestamente de gas, de un edificio de su propiedad sito en el ensanche.
Lo cierto es que Víktor tenía montado un laboratorio de alta tecnología en el sótano del inmueble, un hecho que puso al descubierto la investigación  llevada a término por la compañía de seguros, pero que nunca se hizo público.
Estudió con el con el anteriormente citado Eric Drexler. Nieto del científico nazi Klaus von Kartoffen -refugiado en nuestro país al abrigo de los servicios de información de la dictadura hasta su muerte-, Víktor era un tipo inquietante y furtivo. Todo un “martínvilla” de la ciencia, por decirlo más gráficamente. Experto también en sistemas microelectromecánicos, se da por hecho que, sea lo que sea la niebla azul, es consecuencia del citado accidente, de ahí la hipótesis del cyborg nanotécnológico autoreplicante que, al parecer, se propaga como un virus; que absorbe energía y produce estallidos energía con el único propósito de seguir multiplicándose.
La disponibilidad energética y la temperatura son los factores determinantes para su desarrollo. Por debajo de los diecisiete grados centígrados la replicación se ralentiza sensiblemente y por debajo de los diez es imposible; más allá de los veintisiete tampoco puede replicarse, y por encima de los treinta y cinco puede llegar a explotar con una alta capacidad destructiva. Por eso prefiere la noche.
Se han desplegado pequeños drones. Realizan vuelos nocturnos a gran altura para evitar los efectos de la niebla con objeto de estudiar sus caóticos flujos y reflujos y tratar de encontrar algún patrón que permita adelantarse a su progresivo despliegue. Porque, amigo mío, cuando llegue la primavera será imparable.
Sobre cómo derrotar a esta amenaza se están barajando varias posibilidades, pero todas son terribles para el futuro de Barcelona. Pintan bastos para nuestra querida ciudad, viejo amigo.
De todas ellas, hay una que, según uno de mis informantes, cuenta con el apoyo mayoritario del numeroso grupo de científicos implicados; aunque la decisión todavía no se ha tomado. Si saliera bien, quizás las consecuencias para la ciudad serían mínimas; pero…, dada la complejidad de la operación y la, de momento, imprevisible y cambiante actividad de la letal amenaza que se cierne sobre la ciudad, sobre esto último no hay tanto consenso.
Mi informante todavía no conoce los detalles de esta operación, así que, por ahora, me es imposible trasladártelos.
Es posible que en unos días se imponga el toque de queda, así que andar con tiento, porque la cosa se puede complicar de un día para otro y podemos acabar bajo algún tipo de legislación especial que implique la suspensión de algunas libertades públicas. Esto podría comprometer gravemente vuestra labor.
En cuanto sepa algo más, mi sobrina Inés os hará llegar la información. Cuando la veas no la vas a conocer.
Suerte, y ándate con cuidado, viejo lobo.

sábado, 13 de abril de 2013

Creando tendencias

Por la radio suena música juvenil. La cuña del programa Nosotras acaba, y una voz dinámica y jovial lanza el tema del día: ¡Chicas, sé de buena tinta que este verano se va a llevar el novio tonto!
Como complemento es mucho mejor que un chihuahua: Es inofensivo y sumiso, no ladra, sale mucho más barato y tiene la lengua más grande; y además paga las copas. ¿No es estupendo amigas?
Este programa, en realidad es un gran negocio. Cobran una comisión de las familias por cada cretino que encaloman; lo que permite a éstas marcharse de vacaciones sin el nene. Todo un descanso.


viernes, 29 de marzo de 2013

Niebla (fragmento)

Aquella mañana, al abrir las ventanas de su pequeño apartamento, el halo gélido y azul de la niebla lo sobrecogió. Una corriente eléctrica recorrió como un rayo su columna vertebral. La niebla amenazaba con entrar en su pequeño mundo, y una vaharada espesa y pútrida le llegó con toda nitidez desde la izquierda. Los incendios habían desaparecido, pero las negras columnas de humo todavía eran visibles desde la ventana.
El virus del capitalismo toca fondo, y la sociedad se depreda a sí misma, y regurgita niebla ponzoñosa y pestilente.
El caos del centro de la ciudad se aproximaba inexorable.
Es un fin de ciclo, un mundo muere, y otro, indefinido y voraz, quiere ocupar su puesto, se decía, mientras pensaba una ruta segura para llegar al Campamento…
Tres rostros infantiles alzan sus brazos cuando abre el container para tirar la basura. El parque de La Ciutadella rebosa de parados vagabundeando sin rumbo a causa de la malnutrición. Encías sangrantes y miradas perdidas alimentándose del césped. Alguien cae de un árbol cuando intenta alcanzar unas piñas. Salen de la niebla unas cuantas manos que lo despojan de todo. Ojos de animal agonizante mientras dedos de sangre y miedo se reparten sus despojos. Calzoncillos sucios y calcetines agujereados perecen con el hombre.
Un policía atado a un banco y sodomizado con su propia porra grita pidiendo ayuda, se oyen risas entre la niebla.
Formaba parte del campamento del norte. El Campamento era uno de los pocos reductos donde aún existía un mínimo de organización. Controlaban
gran parte de la zona norte de la ciudad, el segmento colindante de Collserola, y lo que es más importante, la estación de suministro de agua de la Trinitat. Aquella infraestructura era capital para la ciudad.
-Hace dos noches, todavía no se sabe desde donde, inyectaron gas en la red de alcantarillado. De día reina una calma tensa, pero de noche… de noche es una locura. Grupos de incontrolados armados con todo lo que tienen a mano montan barricadas, asaltan tiendas y domicilios.
Ayer por la noche contabilizaron doscientos muertos ¿puedes creértelo? Más allá de nuestro perímetro es el caos.
Han saqueado las armerías antes de que la policía, desbordada como está, haya podido reaccionar. Hay cantidad de cretinos vestidos de camuflaje y armados con escopetas vagando por la ciudad.
-¡Lo qué faltaba! Un montón de desesperados armados hasta los dientes buscándose el sustento por su cuenta.
¿Y los demás grupos? ¿Qué está pasando?
-Todavía no lo sabemos. Salimos cada noche. Sin duda hay otros campamentos, pero las comunicaciones… las comunicaciones no son fiables. Montar una red en estas circunstancias es muy delicado.
-¿Ves a tu chica? –preguntó con sonrisa maliciosa.
-¿A la enfermera? Sí, casi todas las noches que bajo al centro termino en su casa. Después  de media vida lamiendo coños de mujeres ingratas por fin he tenido suerte.
Laura me ha dicho que una amiga suya que trabaja en el Valle Hebrón le contó hace unos días que dos cirujanos salieron de la zona de quirófanos dando alaridos bisturí en mano y repartiendo tajos por los pasillos a todo lo que se ponía por delante. Desjarretaron a una docena de pacientes antes que pudieran abatirlos a tiros.
Es más seguro moverse de día, así que espero en su casa el resto de la noche. A primera hora la acompaño al Hospital del Mar. Luego me reúno con el resto del grupo en un bar cercano al Pla del Palau y subimos todos juntos.
Cada vez hay más gente enloquecida por las calles.
En el hospital creen que la niebla es la responsable. La mayoría de ingresados no responde a los antipsicóticos. Todos soltaron el mismo rollo: Primero se sintieron atraídos por la niebla, a partir de ahí no recuerdan nada.
Ayer, mientras esperábamos a Raúl, un militar retirado ido de la olla se lió a tiros junto a la estación de Francia. Tres muertos y cinco heridos. Lo redujeron mientras intentaba cargar la pipa de nuevo.
Aquí arriba tenemos suerte, la brisa dispersa la niebla y parece que al perder densidad disminuye su eficacia.
Unos predican el Apocalipsis en las entradas del metro, otros recorren los vagones con cascos de motorista para que los extraterrestres no les lean el pensamiento y hablan de guerra interplanetaria…; los indepes lo tienen muy claro: Barcelona es víctima de una operación militar con una nueva arma estratégica. Un ataque del ejercito español contra las mentes de Catalunya, aseguran muy convencidos.
Mira, esto es nuevo, unas estampitas de la Virgen del Petróleo. Me las dieron hace unos días dos beatas que paseaban por la rambla de Poble Nou.
-¡Qué morenita!
-No te rías cabrón, no te rías… Resulta que un julai que iba a repostar dice se le apareció en uno de los postes de la gasolinera de Pere IV. Han instalado una pequeña ermita en el surtidor, y aquello se ha llenado de beatas vestidas de negro sentadas en sillitas plegables rezando el rosario a todas horas. Al parecer, piden a “La Negrita de Dios” que interceda por nosotros y consiga que el Altísimo se lleve la niebla. El dueño de la gasolinera está que se sube por las paredes con el circo que le han montado. ¡Qué flipe, eh!
Hasta el arzobispo tuvo que intervenir cuando las beatas se emperraron en encender unas velas negras para su virgencita.
¿Y tú?, ¿sabes algo sobre la niebla?
-Se investiga, se investiga… Se han puesto sensores, se recogen y analizan muestras…; incluso varios centros de meditación, junto con un reconocido lama tibetano que se encuentra en la ciudad para dar unas conferencias en la Casa Asia, convocaron una concentración de esas donde se medita colectivamente con el objetivo de crear un frente energético que neutralizara la niebla.
Quinientas personas en trance enfrentándose a la niebla… Un veinte por ciento de ellos, con sensores y  cámaras instalados en la cabeza, fueron los encargados de grabar y enviar la información a tiempo real.
El envío falló a causa de los estallidos electromagnéticos que periódicamente despide la niebla, pero los equipos portátiles especiales de grabación de imágenes y registro de datos que llevaban incorporados funcionaron bien.
Parece ser que estos estallidos son de tal magnitud, que neutralizan todas las señales eléctricas en varios kilómetros a la redonda. Ni móviles, ni fijos, ni internet, nada de nada. Quinientos metros a su alrededor, la niebla es capaz de freír este tipo de conexiones, y los equipos corrientes quedan tan inservibles como si los hubieras metido en un microondas.
El maestro lama -no sé qué Rimpoché- y un centenar de discípulos suyos se levantaron tan campantes después de que, tres horas más tarde, la niebla se disipara con las embestidas del fuerte viento de levante que comenzó a soplar a medianoche; pero el resto…
-¿Qué ha pasado con el resto?
Bueno… solo han pasado dos semanas, pero…, tras un montón de pruebas, encefalogramas, análisis, tacs, resonancias magnéticas y toda la pesca, el pronóstico en general es desolador… Poco más de cien están acabados sin remedio, en estado catatónico profundo y con nulas posibilidades de volver a ser quienes fueron; setenta y uno ya han palmado, y los demás padecen psicosis más o menos agudas, y, de momento, la fuerte medicación que se les ha proporcionado parece no dar ningún resultado positivo; aunque no se descarta que más adelante puedan mejorar.
Las descargas electromagnéticas de la niebla cortocircuitan las conexiones sinápticas de las neuronas. O dicho de otra manera: la mierda esa te acaba achicharrando el cerebro, las autopsias son concluyentes en eso. Te los podrías comer con sanfaina.
Durante el experimento pasó algo muy extraño: Salieron de entre la niebla seis o siete tipos muertos de risa. Iban tan fumados que no se enteraron de nada. Pasaron por delante de los que meditaban junto al Arco de Triunfo tomándose unas latas, incluso se pararon unos minutos en un banco de los que hay frente a los antiguos juzgados a liarse unos canutos.
“La niebla azul es flipante”, aseguraron a los médicos mientras los reconocían. Nada, estaban, como ellos mismos decían, de puta madre. Se partieron de risa con las pintas que hacían los de emergencias dentro de los trajes antirradiación; incluso se tomaron unas cervezas que llevaban en un macuto enorme mientras eran interrogados por los facultativos desplegados en los alrededores… Seguramente han abierto otra línea de investigación con este asunto. Esa inmunidad, sea pasajera o permanente, ha de ser estudiada a fondo. Me han llegado sus datos.
Son socios de un club de fumadores. El Lagarto Verde creo que se llama. En fin, la dirección está en el informe.
Mañana has de hacer algo por mí. Esta silla de ruedas no me permite hacerlo con la debida discreción, y tal como está el centro…
Castellví es un sabio, una de la mentes más preclaras de la ciudad, y es de los nuestros. Un barcelonés que, por encima de todo, ama esta ciudad.
Investigador del CSIC y profesor universitario, se jubiló hace un par de años, pero sigue muy relacionado con el mundo de la ciencia. Sabe quién es quién en el pequeño mundo de la investigación catalana y española.
Te he preparado un sobre con el dossier y una carta de presentación. Tienes que dárselo cuanto antes.
-Quizá este fin de semana no pueda. Alguien ha de ir a hablar con los fumetas. Iré con Raúl, es un conocido militante cánabico. Conocemos el ambiente y pasaremos desapercibidos. Con los fumetas hay que ser discretos, tienen una locuacidad legendaria.
-Tampoco hacemos nada ilegal.
-Ya lo sé Miquel, ya lo sé, pero me huelo algo raro…; flota en el ambiente, como la niebla.
-Se ha hecho tarde ¿pasarás la noche aquí?
-Sí, oscurece y no quiero correr riesgos innecesarios.
He traído una botella de Néspola, un tinto artesanal que me regalaron hace unos meses. Nos la beberemos a la salud del Palla -uno de sus creadores- antes de que esta ciudad se vaya a la mierda con todos nosotros dentro.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad…
El imponente grupo de delincuentes juveniles baja por la calle Lepanto cantando Ciutat Podrida. Navaja en mano, destrozan a patadas coches y mobiliario urbano y sirlan a todos los que les salen al paso.
Un enjambre de treintañeras verriondas avanza por la calle Bruniquer, desnudas de cintura para abajo agitan bragas y condones levantando los brazos hacía las ventanas de los edificios adyacentes. ¡Bajar si sois hombres! ¡Bajar, hijos de puta! ¡Os vamos a enseñar lo que no os enseñaron vuestras mamás, maricones de mierda! ¡Salir si tenéis huevos! Apoyan los codos en los coches aparcados y sacuden el culo desesperadamente. Muslos mojados chispean a la luz de las farolas…
El choque con los adolescentes navajeros es inevitable.
La Abeja Reina -una enana bollera entrada en años- es la primera en verlos. ¡Zorras, id a por ellos! ¡Caparlos a todos, no dejéis ni uno! Una de las treintañeras se encara con ella y le grita: ¡Cierra el pico, puta vieja! ¡Vete a oler bragas a otra parte! Esta noche queremos nabo.
Al amanecer, cientos de bragas, gayumbos y condones usados alfombran la plaza Joanich; y tres tías despanzurradas y ocho adolescentes capados, que se han desangrado durante la noche, yacen muertos junto a la boca de metro de la esquina de la calle Lepanto.