viernes, 16 de julio de 2010

Epílogo*

Es el momento de darle matarile a las últimas palabras.
Ya con la confirmación médica de mi curación -menos mal, después de pasarlas tan putas-.
50 semanas de odisea urbana. Contento, muy contento.
La experiencia que se describe es sólo una interpretación -una visión subjetiva-. La de un buen observador. Nos cuenta como su mundo se va desmoronando, desapareciendo, mientras él intenta aferrarse a ese mundo con todas sus fuerzas. No pudo elegir, no pude elegir.
La realidad siguió en movimiento, y sus circunstancias pesaron más que la férrea voluntad de que no me arrebaten nada más.
La romántica experiencia se atravesó cuando no debía -la historia de mi vida-, con esta mujer, toda la vida me ha pasado lo mismo. Algo se cruza siempre. No tengo suerte.
Básicamente, la terrible experiencia vivida transmuta en estos cuentos. Son un acto de amor. El más bonito y largo acto de amor de mi vida.
Un servidor, o sea, el infortunado que pilló de lleno -a cuatro bandas y encima simultáneas-, se desnuda sin rubor ni vergüenza alguna, y de paso pinta a una bella mujer que también sufre, como él.
Asumir los costes de mis actos sin que me destrozaran ha sido una ardua tarea, quizá la más digna de emprender para una persona. Yo, bebí un amargo cáliz hasta la última gota -os lo aseguro-.
Tengo un retrato duro y contradictorio, pero sincero, el mío. Un desnudo en lo más alto de un puente. En esos momentos sólo lo esencial queda y tomas tu decisión: cuéntaselo leopardo. Dile que la quieres. Inclinó la balanza la esperanza de una sonrisa entrevista en la playa.
El otro cuadro es de una mujer. Un hermoso, brillante y enamorado -a que engañarnos- fotograma musical. Me guste o no -es que si- fue así, y así lo pinté. Pintarla ha sido mi billete de vuelta. Un hermoso billete.
Contarlo: me acojonó la idea cuando el leopardo la sacó a relucir, pero hecho está. El trabajo más duro, íntimo, largo y solitario de mi vida.
Con el largo viaje concluido con éxito, y habiendo pagado una factura muy alta, encaro el futuro. Un futuro lleno de cuentos... un rosario de cuentos... Espero.
 
      
Los viajes se completan interiormente, y los más atrevidos, no hace falta decirlo, se hacen sin moverse del sitio.
El coloso de Marusi. Henry Miller.

*Final del libro "Ruido de fondo".