domingo, 27 de junio de 2010

21 de mayo*

He ido a mi casa. Tengo que ir haciéndome a la idea. Casi todo es diferente.
Debo planificar los próximos meses -toda la mierda de 20 años es mucha letra para una sola canción-. 
El silencio, los espacios abiertos y la libreta serán fundamentales. Van a ser largos meses de monje otra vez ¡cosas del destino!
Escribir es básico, a veces tengo ganas de irme de algún lugar por no olvidar un pequeño detalle -he de escribirlo-. Esta libreta es también un espejo o una “silla caliente” gestáltica.
Hoy dejé parte de lo escrito en casa. El ordenador se ha puesto chulo. Escribiré en Linux mientras se soluciona.
Los espacios cerrados con bulla y mucha gente todavía no los aguanto con comodidad, así que los frecuento poco. Los próximos meses son de autodisciplina. Asignatura que resolveré.
Otra vez de monje, Mario ¡otra vez!
No quise detenerme con el tema de la radio -había trabajo que hacer-. Tenía que hacerlo. Ahora tengo que pagar el precio. Nada es gratis y menos esto de que hablo. Necesitaba hacerlo. Si lo hubiese dejado antes y todo hubiese acabado mal no me lo hubiera perdonado nunca. Quizá entonces no hubiese tenido el valor -ni las ganas- de salir adelante que tengo ahora. Bien está lo que bien acaba. Había que hacerlo.  
Tengo que ser prudente con mis emociones. Debo soltarlas poco a poco. Y nada de impresiones fuertes por un tiempo.
Vuelvo del infierno con algo de sabiduría propia -exclusivamente mía-. Lo sentido y vivido es un pequeño tesoro rescatado de ese pozo sin fondo que todos llevamos dentro. Yo bajé y di un corto vistazo al mío. Lo sé y lo cuento.
Desde el punto de vista exclusivamente personal creo haber estado unos días en el inconsciente colectivo, o muy cerca de los símbolos arquetípicos y los propios -tengo mis símbolos propios-.
Puedo decir también: he estado en el pasado, un pasado como una película de símbolos. Son parte de mí y algo más, un sentimiento puro por la vida y las personas que me rodean, me han ayudado y sufrido conmigo. Ahora tengo un compromiso con ell@s.
Poco a poco. La paciencia nunca ha sido mi fuerte, ahora la reforzaremos. 
Sigo despellejándome a marchas forzadas.
Pienso en cómo me lo montaré para estar lo más cómodo y tranquilo en casa. Me molesta todo el tiempo que necesito -demasiado tiempo-. Me pongo como un niño impaciente, entonces, mi razón dice no. 
Hay que esperar. Esperar y construir algo mientras tanto ¿Cuántas libretas necesitaré? las que hagan falta, y seguramente algo de propina. Meses y meses. ¡Mierda! no hay otra salida en el laberinto ¡vaya rollo!
Tengo que ir a mi Lhasa particular y quedarme allí.


*Fragmento del libro "Ruido de fondo".