sábado, 19 de junio de 2010

7 de junio*

Jamás pensé que el cuento se pudiera alargar tanto.
Vuelvo al ordenador -ya sin temblor de manos-. Tengo delante un pequeño y delirante manuscrito donde se cuenta mi pequeña odisea, sólo quedan por perfilar los momentos de acción -descritos muy brevemente- pero frescos todavía en mi memoria.
Vistos bajo otra luz, la que da el tiempo y la experiencia vivida -como una leyenda urbana-. Algunos poemas hay, y, modestamente, alguno bueno creo.
Hoy hablé con Laia sobre el asunto -ella pasó por eso el año pasado- le he contado muy por encima la historia -amiga común incluida, pero con otro alias-, ¡en fin!, allí, lo mismo que aquí, se hacen estos tratamientos a lo bestia, sin avisarte -sin recursos psicológicos para atender a la gente-.
Es imposible llevar este tratamiento estando solo y algún día habrá que lamentarlo.
Me parece una temeridad después de cómo lo he pasado yo. Los disgustos y preocupaciones que he causado a mis amigos y a la “prota” de los cuentos.
No sólo el delirio radiofónico está en ellos, también otras partes de mi inconsciente. Este verano tengo que articularlo y darle tratamiento literario sin que pierda coherencia, bien que mal la tiene.
Oigo a JJ. Cale ahora mismo oruga, el Money Talks. Extraordinaria guitarra y bella voz, otra versión -el mismo cuelgue pero en otra onda-.
Esta hora es buena para mí, el silencio me ayuda y el cambio de color de las paredes también, ésto es importante para dejar atrás las horas de terror y miedo pasadas aquí -tan sólo dos meses antes-.
Ahora toca reposar con mis textos y tratar de hacer con todos ellos unos cuentos multimedia, desde otro ánimo, distinto al ritmo frenético de los primeros textos o al de gran parte del manuscrito. Donde guardo mis miedos, mi pasión, mi batalla y mi locura. Ponerle armonía y sentido del humor es otro pequeño desafío para mí.
El depredador dice que lo hará, y cuando se le mete algo en el tarro, fijo que lo hace, aunque reviente -es así el muy cabrón- ¡suerte leopardo!
Si algo tengo claro ahora, es, que tengo una salud de hierro y soy afortunado -tengo suerte o conjuré mis demonios- mr. Lucky al menos.
Vengo del infierno con el manuscrito sin chamuscar, con ganas de dedicarle tiempo e ilusión y dejarlo lo mejor que pueda, a pesar de lo complicado que será.


*Fragmento del libro "Ruido de fondo".